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Círculo completoDesam camina por el mundo y nota algo que antes le era imposible percibir: pequeñas señales de que las p...
21/01/2026

Círculo completo

Desam camina por el mundo y nota algo que antes le era imposible percibir: pequeñas señales de que las palabras que una vez fueron escuchadas en silencio no se pierden.

Una mirada detenida, un gesto inspirado, una decisión tomada con calma y valentía: todo eso resuena con la fuerza que ella sostuvo.

No todos la reconocen, no todos comprenden. Pero algunos sí. Y esos pocos bastan.

Hoy, cuando habla, no espera aplausos ni respuestas.

Cada palabra es un acto de fidelidad. Cada silencio, un respeto por lo que aún debe gestarse.

Y aun así, percibe ecos.

Sabe que los mensajes no mueren. Que el esfuerzo de ser fiel a sí misma ha creado ondas que se extienden más allá de lo visible, más allá de lo inmediato, más allá de ella misma.

Mira a su alrededor y siente paz.

No porque el mundo haya cambiado, sino porque ella ha dejado de depender de él.
No porque haya evitado los vacíos de antes, sino porque ha comprendido que esos vacíos siempre estuvieron allí para recordarle su fuerza.

Las vidas pasadas ya no son cadenas. Son mapas.
Las decisiones difíciles, los saltos al vacío, los momentos de soledad: todo formó la materia de su presente.

Y ahora sabe algo que antes ignoraba:
la misión nunca fue entregarse al miedo ni depender de otros.

La misión siempre fue ser completa dentro de sí misma, y al hacerlo, transmitir la fuerza que había guardado durante tantas vidas.
Desam respira.

Y en esa respiración está el eco de todas las Marías que fueron antes, y también el de todas las vidas que vendrán.

La misión sigue, pero ya no le pertenece al mundo. Le pertenece a ella.

Y eso, finalmente, es suficiente.

Desam hoyDesam se mueve por el mundo sin que el mundo se dé cuenta de todo lo que lleva dentro.Sus pasos son firmes, sil...
20/01/2026

Desam hoy

Desam se mueve por el mundo sin que el mundo se dé cuenta de todo lo que lleva dentro.

Sus pasos son firmes, silenciosos, conscientes. No necesita monte ni aldea; la fuerza que antes buscaba fuera ahora está en ella, y eso basta.

Escucha los mensajes que llegan, pero ya no espera señales extraordinarias.

Llegan en un gesto, en una conversación, en un silencio compartido.
Llegan como recordatorios de que la vida, incluso en su rutina más simple, siempre tiene algo que decir.

Habla y escribe.

No alza la voz para que la escuchen todos, sino para que quienes puedan recibir lo que dice lo sientan, lo comprendan, lo lleven consigo.

No necesita intermediarios. Sus palabras no esperan traducción. Su presencia transmite lo que siempre supo: que la verdad no se impone, se ofrece.
Desam mira a los ojos de quienes la rodean.

Algunos ven más de lo que ella dice; otros ven apenas una sombra de lo que hay en ella.

No le importa. Su fuerza no depende de la comprensión de los demás. Depende de su fidelidad a sí misma.

A veces se siente sola.

Como todas las que antes fueron María, siente la distancia de quienes no pueden ver, de quienes no escuchan.

Pero ahora sabe que la misión no consiste en cambiar a todos. Consiste en no silenciarse.

Cuando actúa, cuando se atreve a expresar incluso lo que teme, hay una ligereza que antes desconocía.

El salto al vacío ya no es literal, pero está presente: cada vez que habla, se expone, se entrega. Cada vez que decide no esperar, está cayendo y sosteniéndose a la vez.
Desam hoy no necesita salvar, ni huir, ni esconderse.

Solo ser fiel a lo que escucha.

Solo dejar que su fuerza interior guíe cada acto, cada palabra, cada gesto.
Y eso, ahora, es suficiente.

El nombre de ahoraEl presente no llega como un despertar brusco.Llega con naturalidad, como si siempre hubiera estado aq...
19/01/2026

El nombre de ahora

El presente no llega como un despertar brusco.

Llega con naturalidad, como si siempre hubiera estado aquí.
María ya no se llama María.

Ahora es Desam.

No porque haya olvidado quién fue, sino porque cada vida necesita un nombre que pueda sostener lo que trae. María fue la que escuchó y se ofreció. Desam es la que permanece.

No hay monte.

No hay aldea.
No hay persecución visible.

Pero los mensajes siguen llegando.

Llegan en medio de la vida cotidiana, entre gestos simples, entre silencios que otros no perciben. No vienen envueltos en símbolos antiguos, ni reclaman dramatismo. Son claros. Directos. A veces incómodos.

Y Desam ya no los delega.

No espera a que alguien los traduzca.

No espera a que alguien los valide.

No busca una voz externa que los ordene.

Habla.

A veces con palabras.

A veces con presencia.

A veces con decisiones que cambian el rumbo de su propia vida.
Las personas siguen apareciendo.

Algunas reconocibles.

Otras nuevas, pero ocupando lugares conocidos. Hay quien escucha y quien se aparta. Hay quien se queda un tiempo y luego se pierde en su propia niebla.
Esta vez, cuando los ojos se alejan, Desam no se rompe.

No se queda sola del mismo modo.

No duda de su capacidad.

Sabe que el mensaje no depende de quién lo reciba.
Depende de que ella lo exprese.

El salto al vacío ya no es muerte ni pérdida.
Es hablar cuando antes callaba.

Es elegir cuando antes esperaba.

Es sostener su verdad sin disfrazarla para que otros la toleren.

Desam no ha venido a salvar a nadie.
Ha venido a ser fiel a lo que escucha.
Y eso, por primera vez en todas sus vidas,
es suficiente.

La fuerza propiaDespués de repetir los mismos gestos en distintos cuerpos,después de atravesar circunstancias que cambia...
18/01/2026

La fuerza propia

Después de repetir los mismos gestos en distintos cuerpos,
después de atravesar circunstancias que cambian de forma pero no de fondo,
María comprende.

No es de golpe.

No es una revelación luminosa.

Es un darse cuenta lento, casi humilde.

He esperado demasiado tiempo.

He confiado mis palabras a otras bocas.

He permitido que otros marquen el ritmo, el momento, la forma.

Y no era necesario.

La fuerza siempre estuvo aquí.

No en quien habla por mí.

No en quien se queda ni en quien se va.

Sino en este lugar interior desde el que escucho.

Los mensajes no necesitan traducción ajena.

No necesitan permiso.

No necesitan una voz que los legitime.

Mi voz basta.

Entiendo ahora que cada vez que esperé a alguien,
cada vez que cedí el paso,
cada vez que dudé de mi capacidad,
no era por falta de fuerza, sino por costumbre.
Esta vida es distinta porque yo soy distinta.

No huyo.
No me escondo.

No salto al vacío buscando coherencia.

Transmito desde donde estoy.

Con la forma que tengo.
Con el ritmo que me pertenece.

No todos escucharán.

Nunca lo han hecho.

Pero eso ya no me detiene.

No permitiré que otros marquen el compás de mi existencia.
No entregaré mi verdad para que alguien más la ordene.
No esperaré validación.

La misión sigue siendo la misma.
Pero ahora sé algo que antes ignoraba:
soy suficiente para cumplirla.

El retornoLa historia de María no termina.Se repliega y vuelve a desplegarse en otro tiempo, en otro cuerpo, en otro lug...
17/01/2026

El retorno

La historia de María no termina.

Se repliega y vuelve a desplegarse en otro tiempo, en otro cuerpo, en otro lugar. Cambian los nombres, cambian los escenarios, pero los gestos se repiten. Las miradas también.

Hay otra vida.

Otro momento.

Otra vez, una misión.

Las palabras regresan. Llegan del mismo lugar profundo, con la misma insistencia suave. No gritan. No exigen. Simplemente están. Y yo sé que deben ser transmitidas.

Las personas también regresan.

No siempre con el mismo rostro, pero sí ocupando los mismos lugares. El que escucha. El que duda. El que se aparta. El que ama, pero no sabe quedarse.
Esta vez no hay salto al vacío visible.

No hay precipicio ni caída. Pero el salto existe. Es interior. Es silencioso. Es más difícil de explicar.

Cuando esos ojos vuelven a perderse entre la niebla, no hay muerte.

Hay soledad.

Hay una pregunta que pesa más que el miedo.
Me quedo sola otra vez.

Con los mensajes intactos.

Con la certeza de que deben llegar a algún lugar.

Y con la duda, por primera vez clara, de si tengo la capacidad de hacerlo.

¿Cómo se transmite lo que no cabe en palabras?

¿Cómo se llega cuando no hay voz prestada?

¿Hasta dónde alcanza una sola vida?

No hay respuesta inmediata.

Solo una inquietud que no existía antes. Una grieta. Un temblor leve en la certeza.
Sé que no puedo dejar de escuchar.

Pero empiezo a preguntarme si escuchar será suficiente.

La misión sigue ahí.
Yo también.
Lo que aún no sé es si esta vez llegaré.

DespuésMás allá de 1234 no hay continuidad.Solo fragmentos. Imágenes sueltas que no buscan ordenarse.Veo al hombre.Tiene...
16/01/2026

Después

Más allá de 1234 no hay continuidad.
Solo fragmentos. Imágenes sueltas que no buscan ordenarse.

Veo al hombre.

Tiene a Lucía en brazos. Es pequeña. Vive. Respira. Él se aparta, no de mí, sino del mundo. No hay traición en su gesto. Hay miedo. Un miedo antiguo, profundo, que le dice que esconderse es la única forma de seguir.

Se camufla.

Aprende a pasar desapercibido. A no decir. A no nombrar. A no recordar en voz alta lo que sabe. Cree que así protegerá a la niña.
Pero el mundo no funciona así.

El mundo no permite el silencio cuando hay una misión tan grande. No castiga de inmediato, pero insiste. Llama una y otra vez. Señala incluso a quien se esconde.

Mi camino ya no importa.

Mi vida ya fue entregada. Sara y yo estamos en paz. No hemos sucumbido. No nos han tomado. No nos han quebrado. Hay una alegría serena en ese lugar donde ahora estoy, una certeza sin esfuerzo.

No duele.

Lo único que permanece como un hilo suave es la imagen de Lucía alejándose entre la niebla.

Y él con ella. Protegiéndola como puede. Amándola como sabe. Sin comprender
aún que esconderse no es desaparecer, solo postergar.
No hay reproche.
Solo una leve tristeza, como la que acompaña a lo que aún tiene que cumplirse.
Después, incluso eso se aquieta.

Cuando el aire cambiaLa amenaza no llega de golpe.Se anuncia antes en el cuerpo que en los hechos.Empieza como un cambio...
15/01/2026

Cuando el aire cambia

La amenaza no llega de golpe.

Se anuncia antes en el cuerpo que en los hechos.
Empieza como un cambio en el aire. Las visitas se espacian. Las miradas se alargan más de lo necesario. Hay preguntas que no se formulan del todo, pero que pesan. Ya no vienen solo a pedir ayuda: vienen a observar.

Lo notamos primero nosotras.

Las mujeres sabemos cuándo algo se rompe antes de romperse. Los animales se inquietan. El monte guarda silencio. Incluso los mensajes que escucho llegan con una densidad distinta, como si atravesaran un velo más espeso.
Yo sigo escuchando.

Pero ahora, junto a cada certeza, aparece una advertencia. No es miedo exactamente. Es una urgencia contenida. Como si el tiempo empezara a cerrarse.
Se habla de nosotras en la aldea.
No lo escucho directamente, pero lo sé. Siempre lo sé. Las palabras cambian: ya no dicen “las mujeres del monte”, dicen “ellas”. Y en ese pronombre empieza la separación.

Mi hija, Sara, lo percibe sin entenderlo.

Se acerca más a mí. Duerme inquieta. A veces despierta llorando sin recordar el sueño. Yo la abrazo y no le explico nada. Hay cosas que aún no deben ser dichas.
Los hombres también lo sienten.

Uno de ellos —el que prestará su voz— empieza a hablar más bajo. El otro mira hacia los caminos con demasiada frecuencia. Saben que algo se organiza lejos de nosotras, en espacios donde no somos bienvenidas.
No es todavía persecución.

Es algo más sutil: una decisión que empieza a tomar forma en otras bocas, en otros pensamientos. Una idea que se repite hasta volverse verdad.
Yo escucho, y por primera vez deseo no hacerlo.

Porque los mensajes siguen llegando, pero ahora traen consigo la certeza de un final que ya conozco, aunque aún no haya ocurrido.

1234 no es solo un número.

Es un punto hacia el que todo empieza a inclinarse.

Y aun así, seguimos.

La elecciónLa persecución no estalla de inmediato.Crece. Se ordena. Se vuelve constante. Ya no hay duda de que nos busca...
15/01/2026

La elección

La persecución no estalla de inmediato.
Crece. Se ordena. Se vuelve constante. Ya no hay duda de que nos buscan, no para pedir, sino para borrar.

Llega un punto en el que entendemos que no hay refugio suficiente. El monte, que siempre nos sostuvo, empieza a quedarse pequeño. Los caminos se cierran. Las decisiones ya no pueden posponerse.

Entonces nos miramos.

No hablamos mucho. No hace falta. Sabemos que hemos llegado al lugar donde cada una debe elegir su destino.

Hay tres posibilidades, aunque en realidad solo una es verdadera.
Seguir huyendo, sabiendo que el miedo acabaría alcanzándonos.
Sucumbir, dejar que nos arrebaten lo que somos.
O entregar la vida sin entregar el mensaje.

Elegimos la tercera.

No lo vivo como un sacrificio.

No hay desesperación. Hay una calma firme, una certeza que no tiembla. Los mensajes que escucho ya no advierten: acompañan. Todo está completo.
Tomo a Sara en mis brazos.

Es pequeña. Confía. Su cuerpo se acomoda al mío como si supiera que no hay peligro. No llora. Yo tampoco.
Antes de dar el paso, levanto la mirada.
Uno de los hombres está allí. Sus ojos me atraviesan, pero no comprenden. No intenta detenerme. No sabe cómo hacerlo. En su quietud hay amor y hay pérdida, aunque aún no lo sepa.

Él forma parte de mí.

De mi camino. De mi esencia.

Es el padre de mi segunda hija, Lucía, aunque todavía no pueda nombrarla así. Su alma está unida a la mía, pero en este instante no puede acompañarme.

Se aparta.

No hay reproche.

Solo una tristeza suave, como una hoja que cae sin ruido.

Abrazo a Sara con más fuerza.

No hay miedo. Hay paz. Hay una seguridad profunda, una fuerza que no necesita explicarse.

Y entonces nos lanzamos al vacío.

No como huida,
sino como cumplimiento.

15/01/2026

Cada día voy a publicar un fragmento, hasta que llegue el día donde tenga las fuerzas para desvelar toda la historia.

conocer la historia de otras vidas te da comprensión. Yo te voy a ir compartiendo fragmentos de mi historia. La mujer qu...
14/01/2026

conocer la historia de otras vidas te da comprensión. Yo te voy a ir compartiendo fragmentos de mi historia.

La mujer que escucha

Me llamo María.
No recuerdo el año en que empezó todo. Los números se deshacen cuando intento fijarlos. Solo uno permanece intacto: 1234. Ahí termina mi historia. El comienzo, en cambio, se oculta, como si no quisiera ser nombrado todavía.

Vivo en una aldea pequeña, cerca del monte. Allí estamos otras mujeres y yo. Solo mujeres. Nos llaman brujas. No por lo que hacemos, sino por lo que sabemos. Escuchamos lo que no se dice. Trabajamos con aquello que no se ve. Por eso vivimos apartadas.
La gente viene a buscarnos cuando el miedo aprieta o cuando la enfermedad no responde. Después se alejan. El temor siempre llega después del alivio.

Yo escucho mensajes.

No llegan como voces, ni como pensamientos. Llegan como una certeza profunda, como un recuerdo que no es mío. Vienen de un lugar íntimo, antiguo, que no sabría nombrar. Sé que no me pertenecen y que no debo guardarlos.

Debo transmitirlos, aunque no siempre sepa a quién ni de qué manera.

Lo intento. Una y otra vez.

Tengo una hija. Se llama Sara.
El hombre con el que me uní no comparte esta sintonía. La rechaza. Su negación nos expulsa. Por eso huyo. Por eso me escondo. Me refugio en el monte con mis compañeras, donde la tierra todavía escucha.

No estamos completamente solas.
Hay dos hombres cerca de nosotras. Uno de ellos será importante.

Yo recibo los mensajes en silencio. Él pondrá voz a lo que yo escucho. Él llevará mis palabras allí donde yo no puedo llegar.

Así comienza.

04/01/2026

Preparación, purificación con fuego, soltar, avanzar, evolucionar.
Unir, fusionar y crear.
Todo en segundos para crear una vida.

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