21/01/2026
Círculo completo
Desam camina por el mundo y nota algo que antes le era imposible percibir: pequeñas señales de que las palabras que una vez fueron escuchadas en silencio no se pierden.
Una mirada detenida, un gesto inspirado, una decisión tomada con calma y valentía: todo eso resuena con la fuerza que ella sostuvo.
No todos la reconocen, no todos comprenden. Pero algunos sí. Y esos pocos bastan.
Hoy, cuando habla, no espera aplausos ni respuestas.
Cada palabra es un acto de fidelidad. Cada silencio, un respeto por lo que aún debe gestarse.
Y aun así, percibe ecos.
Sabe que los mensajes no mueren. Que el esfuerzo de ser fiel a sí misma ha creado ondas que se extienden más allá de lo visible, más allá de lo inmediato, más allá de ella misma.
Mira a su alrededor y siente paz.
No porque el mundo haya cambiado, sino porque ella ha dejado de depender de él.
No porque haya evitado los vacíos de antes, sino porque ha comprendido que esos vacíos siempre estuvieron allí para recordarle su fuerza.
Las vidas pasadas ya no son cadenas. Son mapas.
Las decisiones difíciles, los saltos al vacío, los momentos de soledad: todo formó la materia de su presente.
Y ahora sabe algo que antes ignoraba:
la misión nunca fue entregarse al miedo ni depender de otros.
La misión siempre fue ser completa dentro de sí misma, y al hacerlo, transmitir la fuerza que había guardado durante tantas vidas.
Desam respira.
Y en esa respiración está el eco de todas las Marías que fueron antes, y también el de todas las vidas que vendrán.
La misión sigue, pero ya no le pertenece al mundo. Le pertenece a ella.
Y eso, finalmente, es suficiente.