20/04/2026
Entregados los premios del 𝗖𝗼𝗻𝗰𝘂𝗿𝘀𝗼 𝗱𝗲 𝗥𝗲𝗹𝗮𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝗙𝗼𝘁𝗼𝗴𝗿𝗮𝗳í𝗮𝘀. 🏆📸📖
📖 Mejor Relato: 𝐔𝐧 𝐯𝐢𝐚𝐣𝐞 𝐝𝐞 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, de Marina Abós
📸 Mejor fotografía: ¿𝐐𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐚𝐧𝐝𝐨? de Eduardo Ordoqui.
🏅 Entregan los premios Iván Armendáriz y Olaia Castro
RELATO:
UN VIAJE DE EMOCIONES
Era una joven, le costaba encajar entre la gente, pero aquí está la historia de como encontró su lugar, su pequeño lugar en el mundo. Y esto va de campamentos.
Cuando vio a tantos niños juntos le entró el miedo, no sabía que iba a encontrarse. Solo recuerda mucha gente llegando, tantas maletas, algunas tan grandes que le asustaba pensar cual iba a tocarle. Lo único que tenía claro era que iba a acompañar durante una semana a uno de esos niños. De repente la familia de aquella niña empezó a hablarle de tantas cosas que no se enteró de nada, y claro eso le puso aún más en alerta. Pero esa pequeña situación de oscuridad y nervios empezó a iluminarse al ver a la chavalica que iba a ir con ella, era pequeñita, muy sonriente, parecía que tenía tantas ganas de montarse en aquel autobús que yo pensaba “¿Qué habrá ahí dentro que le tiene tan contenta?” Todavía no os he hablado de ese autobús, en principio era un autobús normal, pero iba a llenarse de tantas emociones que también asustaba un poco. Pero la txiki con la que iba le calmaba los nervios, tenía ese poder, de esos que son únicos en cada uno de nosotros.
La voluntaria pasó de sentir mucho miedo a sentir la calma que produce el mar o la montaña. Todo gracias a su niña, que poder más bonito, que alma tan pura. Se montaron en el autobús, la niña eligió los asientos y me miró, no hablaba pero miraba con sentido de palabra, entendí perfectamente que quería decirme “que ganas tengo de este campamento”. Durante el viaje algunos txikis expresaban alegría, otros tristeza (no nos engañemos, muy breve, y la mayoría por separarse de sus padres), otros vergüenza e incluso sorpresa por su primera vez en un autobús, enfado o asco por el vómito del mareo de un compañero. Todas esas emociones en un pequeño espacio.
Al llegar a destino se disipaban esas emociones y se concentraba todo más en el caos de organizar las habitaciones, las maletas, entretener mientras tanto a los txikis…
Era un albergue muy chulo, con piscina, frente a la playa, muy seguro, en definitiva, un paraíso para los niños, un paraíso que había que ayudar a construir, consiguiendo el disfrute de cada txiki en concreto y de todos en general.
Una vez todo organizado empezaba la marcha, la música les encantaba y jugar, correr, disfrazarse, la piscina, el balón. Era tiempo de libertad dentro de la seguridad que ya hemos contado.
Y hablemos un poco de la libertad y su importancia, ser libre tiene un poder y ese es actuar tal cual pensamos y sentimos. No solo los txikis se sentían libres, en su caso pasó lo mismo. Una semana de libertad, de soñar, de disfrutar, de aprender, de luchar contra situaciones difíciles.
Para la voluntaria, un reto de responsabilidad y unos días en los que descubrió una pasión que no sabía que existía en ella, cuidar, ayudar, entender y por fin encajar.
FIN
Marina Abós Amo