31/03/2026
¿Qué es la resistencia?
Desde el momento en que una persona decide qué quiere lograr, cuando transforma sus deseos en objetivos, empieza a moverse en el sendero hacia ellos. En ese sentido, la resistencia es todo aquello que te desvía de tus objetivos.
Haciendo un ejemplo: si yo estoy en el coche yendo hacia una ciudad y una calle está cerrada por obras, ¿qué hago? Me desvío, pero sigo igualmente hacia mi destino. La resistencia es cuando ese desvío no dura un momento, sino que te aleja durante mucho tiempo o incluso te hace pensar en ir hacia otra ciudad. Esa es una resistencia fuerte.
Si quiero lograr algo —cuidar mi cuerpo, abrir una escuela, empezar un arte, dejar un trabajo— y el universo empieza a decirme:
“Sí, pero ahora han pasado cosas…”
“Voy a retrasarme un poco…”
“Voy a dedicar una semana más… un mes más…”
“Es que pasó esto… es que me pidieron ayuda…”
No está mal ayudar. No está mal dedicar tiempo a la familia o a los amigos. Está perfecto. Pero si ese desvío empieza a quitarte tiempo y energía de tu objetivo, entonces sí, hay resistencia. Y es fuerte.
Porque desde el momento en que decides qué hacer con lo que aparece, ya no es el universo quien decide, eres tú. El universo solo te pone delante pruebas o desafíos que puedes superar.
Pero siempre decides tú.
Hubo un tiempo en que yo decía: “No sé qué voy a hacer… a ver qué pasa… después decido…”.
Y no me daba cuenta de que, al decir eso, no estaba decidiendo nada.
Simplemente estaba caminando hacia donde el viento me llevaba.
Cuando uno no tiene una meta clara, ¿a dónde llega? No se sabe.
Puede ser un lugar bueno o no tan bueno, pero nunca será el lugar que eligió.
Hasta que no decidí, nunca llegué a mis objetivos, porque en realidad ni siquiera sabía cuáles eran.
De niño, una vez iba en bicicleta y tenía mucha sed. Entré en un bar.
El camarero me preguntó: “¿Qué deseas, niño?” y yo respondí: “No lo sé… ¿qué hay?”
Y él me dijo: “Niño, esta no es casa de tu mamá. Aquí tú decides”.
Y entendí algo.
Tal vez era muy pequeño para comprenderlo del todo, pero sí entendí esto: si no sé lo que quiero, nadie podrá darme lo que necesito.
Entonces, ¿cómo identificar la resistencia en tu vida? Porque cuando estamos dentro del rumbo de nuestra vida, dentro de los problemas que la vida nos propone, no lo vemos como resistencia, lo vemos como parte del camino.
Imagina que estás caminando por un sendero de montaña que todavía no conoces. De repente, el sendero se llena de hierba alta y deja de verse. ¿A dónde voy? ¿Cómo sigo avanzando hacia lo que quiero lograr, si ya no veo el camino? Si pudieras verte desde arriba, como con un dron o un satélite, verías que el sendero no ha desaparecido, solo está cubierto, y unos metros más adelante vuelve a aparecer.
Pero cuando estás dentro, no lo sabes. Y ahí nace la duda.
Si no sabes hacia dónde vas, si no tienes una brújula o un mapa, ese bloqueo —esa resistencia— empieza a generarte preguntas:
¿Estoy yendo en el rumbo correcto?
¿El universo me está diciendo que no es por aquí?
¿Debo cambiar de ruta?
¿Debo cambiar de meta?
¿Debo regresar?
Todas estas preguntas son lícitas, son normales, son humanas: y todas tendrán una respuesta.
Pero esa respuesta puede nacer desde dos lugares: desde la mente o desde el corazón, desde el miedo o desde el amor.
Si la respuesta nace del miedo, te llevará a escenarios donde algo “sale mal”: no llegar, caer, perderte… No hace falta dramatizar. Simplemente no será lo que realmente quieres.
Si la respuesta nace del corazón, cualquier camino será correcto, sea seguir avanzando o sea regresar, porque estará alineado contigo.
En la vida no tenemos un mapa.
Por eso necesitamos crear uno, dedicarnos tiempo para escuchar qué queremos realmente. Un segundo, un minuto, una hora o un día entero.
Y para descifrar si lo que aparece es una prueba o una resistencia, puedes hacer algo muy simple: cada vez que das un paso hacia tu objetivo y algo se interpone, pregúntate desde el corazón:
¿Hacia dónde estoy yendo?
¿Qué estoy haciendo con mi vida?
¿Esto me invita a parar o a seguir?
Porque muchas veces, cuando empiezas algo nuevo, aparece la vieja programación. Esa voz que dice: “No eres suficiente”, “No lo vas a lograr”, “Mejor vuelve a lo conocido”. Y ahí es donde se necesita un acto de valentía, un momento de claridad.
Decirte: ¿Quiero realmente lograr esto? Sí. ¿Esto me va a retrasar? Puede ser.
Pero si ese retraso es temporal y sigues dando tiempo, energía y atención a tu objetivo, entonces puede ser parte del camino.
Porque hay cosas que sentimos que no podemos decir que no, pero eso no es verdad.
Siempre podemos decir que sí y siempre podemos decir que no.
Siempre decidimos.
Y cada decisión es nuestra responsabilidad, nunca de los demás.
No es de mi padre, no es de mi madre, no es de mis amigos. La dirección es mía.
Cuando me mudé a España, mi familia no quería que me fuera. No por falta de amor, sino precisamente por amor, porque me querían cerca. Y ahí hubo resistencia: en decir “no” y en decir “voy”.
Pero yo no estaba huyendo de mi país, estaba yendo hacia mi destino, y decidí seguir mi sendero.
El universo me estaba preguntando: “¿Estás seguro?”
Y yo respondí con firmeza: “Sí. Voy”.
El universo siempre te presenta desafíos que puedes superar.
Entonces, en tu vida no habrá alguien todos los días diciéndote qué es resistencia y qué no. Tú ya lo sabes. Solo necesitas escuchar. Escuchar tu corazón. Recuerda: es algo subjetivo, pero profundamente verdadero. Y todo lo que decidas desde ahí será perfecto.
Y ahora que releo estas palabras, me doy cuenta de algo.
He escrito todo esto desde el corazón, pero también con el miedo de que no se entienda.
Y ese miedo me ha hecho usar más palabras, explicar más, dar más vueltas, como si así pudiera asegurarme de que llegue el mensaje.
Pero esto también es parte de mi aprendizaje: aprender a confiar, aprender a decir desde el corazón y soltar, saber que quien tenga que entender, entenderá… y quien no, tal vez no era el momento.