05/01/2026
No se le habla a la masa
no se le habla al sistema
no se le habla a la disonancia
no se le habla al patrón
no se le habla a la matrix
se habla a quien está listo para oír
y se habla cuando se está listo para hablar
Hoy me di cuenta de algo que reputo importante para mi vida.
Los patrones que se repiten, y que, si nos damos cuenta, nos muestran la matrix.
Yo tenía un patrón muy fuerte, un modelo comportamental limitante, que me hacía reaccionar frente a lo que pasaba afuera: a los demás, al sistema, a la masa. Pero no veía lo que pasaba conmigo. Echaba la culpa a todo y a todos sin darme cuenta de que yo era la causa de mis problemas. Y como yo era la causa, también yo soy la solución a mis problemas.
Estaba enojado con el mundo, con todos los seres humanos que no podían ver el modelo comportamental del sistema que se repetía y repetía, y actuaban, según yo, como locos.
Capaz que sí, actúan como locos algunos. Y sí, también capaz que algunos no ven el patrón que se repite y obedecen al sistema como su Superior Supremo, al cual se debe respetar y bajar la cabeza, si no te la vuelan.
¿Y yo qué hacía? Me enojaba con ellos, sin darme cuenta de que estaba actuando de la misma manera. Solo que el Superior Supremo era otro: era mi enojo, obteniendo el mismo resultado que “los demás”. Ganaba el SS.
Tomé conciencia de esto hoy, un poco más que ayer y un poco menos que mañana.
El único patrón limitante estaba dentro de mi cabeza. Yo no estaba listo para hablar, pero de igual manera lo hacía, y el resultado fue pésimo. Hasta llegué a no escribir casi nunca. Me daba miedo hablar, no porque me pudieran rechazar —eso ya me pasó y no me importa más—, sino por algo mucho más grande y peor: tenía miedo de que mis palabras no tuvieran sentido, que no aportaran nada a este mundo.
Y tenía razón. En ese estado no podía aportar nada al mundo, nada bueno por lo menos. Tampoco era coherente conmigo.
Ahora que reconozco este patrón en mí, hablaré de otra forma: no mejor, sino más coherente conmigo. Hablaré de mis experiencias, de mis ideas, de lo que yo veo.
Hablaré coherente con lo que siento adentro. Y si siento enojo, mejor me callo un ratito más. No porque estar enojado sea malo, sino porque es algo que quiero vivir y metabolizar conmigo mismo, y porque llenar el mundo con más enojo… ya tiene bastante de eso.
El mundo necesita historias felices y metabolizadas.
Estar enojado es una reacción, no una elección consciente. Y siempre pasa por algo interno en nosotros. Puede parecer que sea provocado por algo externo, pero no: no es así.
Esto es lo que yo veo y experimento. Para mí es así, y respeto cualquier forma de pensar diferente de la mía, aunque sea incorrecta. Bromeo, por supuesto; capaz de manera un poco cínica. Y está bien.
Respeto cada forma de pensar, actuar y hablar. No por eso estoy de acuerdo con todo lo que pasa allá afuera. Y tampoco todo me incumbe. Eso cambió en mí.
Yo miro mis patrones: si no me gustan, los cambio; si no me doy cuenta, se quedan hasta que los veo.
Y no solo no me incumbe decir a los demás que están actuando con patrones limitantes; incluso si los veo —y siempre es más sencillo verlos en los demás—, no me incumbe. No es mi trabajo. Y si me gritan en contra, tienen razón, porque si nadie me ha preguntado, es juzgar, es meterse en asuntos de otros.
Cada uno está viviendo su vida, con su nivel de conciencia, con su actitud, cada uno con todo de sí mismo.
En algún campo de la vida ya sabía que no debía meterme, por ejemplo en la alimentación. Yo soy vegano, no demasiado estricto. Cada tanto como queso, pero cada vez menos. Y si nadie me pregunta, yo no digo cuál alimentación hace mejor al cuerpo o al mundo. ¿Por qué? Porque estoy seguro de mí mismo en este campo y, diga quien diga lo que diga, me da igual.
Llegué a mi alimentación de manera consciente, pasando antes por una menos consciente. Y todo esto fue mi decisión.
Si me preguntan, digo que el sendero correcto es sentir el propio cuerpo, hacer pruebas. Sabemos —y tenemos pruebas científicas— cuánto daño hace comer ciertas cosas, pero eso no siempre se traduce en conciencia. Seguimos, y yo también a veces, comiendo no-nutrientes: comida procesada, azúcar, papitas fritas, etc.
Yo sé que no hace bien, pero ¿soy consciente de esto?
Al parecer, más o menos.
Todavía a veces me concedo estos “lujos” para el paladar y venenos para el cuerpo. ¿Y saben qué? Lo disfruto. Hasta que un día tomaré más conciencia y no los comeré nunca más. Sé que ese día llegará, y siento que está cada vez más cerca.
Por ahora, la comida que comeré más es: la de hacerme cargo solo de mis patrones.
Todo es diferente cuando se me pregunta, por supuesto: cuando se me llama para soportar y acompañar en el sendero de transformación, ese es mi rol. Ayudar a ver en uno mismo los patrones que lo están limitando, para salir de esa zona de confort que, de repente, se vuelve incómoda.
Como naturópata, Pampamisayoc, maestro de Taiji y Qi Gong, y sobre todo como persona que ha vivido experiencias y ha cambiado su narrativa interna, logrando transformar su vida por completo, sería un gran honor poder acompañarlos en sus procesos de sanación.
Volviendo a la motivación de este post: no puedo hablar a la disonancia cognitiva masiva, no puedo hablar al patrón limitante, ni al sistema ni tampoco a quien lo defiende. No tiene sentido, y por fin lo veo.
A quien hablo es a todos los demás: a quienes ven que existe este patrón, a quienes sienten que existe esta matriz, a quienes buscan respuestas a preguntas todavía no claras.
Eso sí, para mí tiene mucho sentido, aunque hablara con una sola persona o con miles de miles: sería lo mismo. Estoy expresándome de manera más armónica y coherente con lo que quiero difundir.
¿Cómo podía difundir el Amor hablando enojado?
Ahora me pregunto: ¿cómo puedo difundir el Amor, la Conciencia y la sanación?
Hablando de lo que para mí significa el Amor y de lo que descubro en mi proceso de sanación.
Así como logré mejorar mi vista, como logré transformar mi vida, como logré cambiar de país y vivir todas las aventuras que elegí sin miedo —o quizás con un poco de miedo, pero con más valentía—, de la misma manera hablaré, de la misma manera contaré mis historias, escribiré libros y haré todo de la misma forma:
siendo yo mismo.
Nada más. Nada menos.
Si algo de esto resuena contigo, tal vez sea sincronicidad.
Y tú, hermano mío, y tú, hermana mía:
¿estás expresando tu verdadero yo superior o estás atrapado en la versión limitante de ti mismo?