27/01/2026
Hay contextos en los que no me relajo.
Aunque no esté pasando nada “grave”.
Aunque, en teoría, debería sentirme cómoda.
Familia, amigos, personas que me conocen desde siempre…
Ahí mi cuerpo entra en vigilancia.
Me observo más, me mido más, me canso antes.
Durante mucho tiempo pensé que era inseguridad,
que era “demasiado sensible”,
O que tenía que aprender a que no me importara.
Hoy sé que no va de eso.
Va de memoria emocional.
De lugares donde aprendí a protegerme,
donde el juicio, real o imaginado, dolía.
A veces hablan de mí.
Otras veces no.
Pero mi cuerpo no distingue.
Y la batería social se agota rápido.
Compartir esto no es para victimizarme,
es para poner palabras
y dejar de exigirme funcionar igual en todos los contextos.
Y si, después de ciertos encuentros necesito silencio, distancia o descanso,
no es rechazo,
es autocuidado.
🩵🧠