10/02/2026
*Esta frase es literal de una de las sesiones de hace unas semanas, aunque de una manera u otra ha aparecido en otras tantas.
Muchas personas de nuestra generación —y de las que vienen detrás— sienten que la adultez les queda grande.
Es frecuente encontrar en consulta testimonios del tipo:
“Pienso en tener hijos y pienso ¿pero cómo voy a cuidar un niño si no puedo ni cuidarme yo?”, “me siento ridícula al ir al banco a preguntar por hipotecas”, “pienso en comprarme una casa y automáticamente pienso ¿dónde voy?"
O por el contrario y saliendo de la escalera normativa:
“Me siento una niña cuando pienso en dedicarme a viajar, o en comprarme una moto, parece que no es lo que toca con mi edad ¿no?”
Este problema no tiene nada que ver con la madurez individual, sino con crecer en un contexto que no sostiene pero presiona.
Precariedad laboral, sueldos que no permiten independizarse, un sistema educativo muy directivo que no enseña a tomar decisiones reales, pocas redes de apoyo y una idea bastante clara de lo que “se debe” y “no se debe” hacer a determinada edad.
Nos piden autonomía sin estabilidad, responsabilidad sin recursos y madurez emocional sin tiempo para desarrollarla.
Sentirse “una niña jugando a ser mayor” no es un fallo individual: es una respuesta comprensible a un sistema que acelera y, a la vez, bloquea.
Las secuelas de esta situación son variadas y van desde baja autoestima, sensación de incapacidad, indefensión aprendida… a problemas relacionados con la ansiedad, depresión etc.
Cuando un problema se repite tanto, quizá debemos plantearnos que no es un problema individual, no es que no estemos preparadxs, sino de que nadie nos enseñó a vivir sin miedo en la incertidumbre.
✨ Si esto resuena contigo, no estás sola.