09/01/2026
Muchas veces me arrodillé no por elección, sino porque la vida me dobló. Me rendí. Caí. Me sostuve como pude cuando ya no quedaban fuerzas. Y aun así, seguí.
Hoy me arrodillo distinto. Porque hay una forma de inclinarse que no es derrota, es respeto por todo lo que has sobrevivido.
En está foto, me arrodillé porque algo dentro de mí necesitaba inclinarse ante la belleza, ante la historia, ante todo lo que no se puede explicar con palabras.
Aun estando rodeada de personas, ruido y pasos ajenos…hay instantes en los que una decide arrodillarse ante sí misma.
En este patio antiguo, construido por manos que ya no están pero que todavía hablan a través de la belleza, entendí algo muy simple y muy profundo: seguir viva después de romperte es un acto de valentía silenciosa.
El agua frente a mí no refleja solo el cielo.
Refleja versiones de quien fui, de quien solté, y de quien está naciendo ahora. Refleja una Judit renaciendo, todavía frágil, pero real.
El agua ya no refleja ruinas. Refleja una mujer que sabe quién es incluso cuando sigue cambiando. Refleja cicatrices que no se esconden, pero tampoco mandan. Refleja a una mujer en reconstrucción, firme dentro de su fragilidad. Una mujer con el corazón y las alas abiertas para seguir explorando la vida.
El alma deja de resistir.
El corazón empieza a confiar.
Hay lugares que no solo se visitan…
Se quedan viviendo dentro de una 🌴