11/03/2026
Crecer duele, sí. Me llevará toda la vida aceptar e integrar esto. Y no solo en lo emocional, sino también en lo físico, en lo más profundo del cuerpo. Y no solo conmigo, sino también cuando veo sufrir a otros que me importan.
Hay momentos en que sentimos que el corazón pesa, que la piel se tensa o que los músculos guardan un cansancio que no tiene que ver con haber corrido una maratón, sino con haber enfrentado la vida.
La ternura y la agresividad, como plantea Juan José Albert, son dos fuerzas que nos atraviesan.
La ternura nos permite abrirnos, conectar, recibir con los brazos abiertos.
La agresividad, bien entendida, nos ayuda a poner límites, a defender nuestro espacio, a afirmarnos.
Pero cuando estas dos fuerzas no encuentran su equilibrio, cuando reprimimos una o nos desbordamos con la otra, el cuerpo lo siente. Nos sentimos rígidos, agotados, o con una especie de vacío difícil de explicar.
Aceptar que crecer lleva toda una vida y que en ese camino habrá dolor es reconocer que cada paso que damos nos transforma. Y el cuerpo es testigo de todo: de las heridas, de las cicatrices, pero también de la fortaleza que vamos construyendo. Lo importante no es huir del dolor, sino aprender a sostenerlo con ternura, a permitir que nos enseñe sin que nos quiebre.
Ay..... sí... estamos en el mismo camino. Estamos en los procesos del crecer.
Sigamos pisando 👣🌳🐢
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