18/03/2026
Hoy vengo a contar una historia MUY LAMENTABLE.
Vino a nuestra consulta esta criatura hace pocos días. 18 meses. La boca RE-VEN-TA-DA. Todos los dientes afectados, y los que no han salido, en cuanto se encuentren este ambiente irán detrás. Cuando el esmalte está ya destrozado y la dentina está al aire, el pronóstico, si no se hace nada, es muy malo. Y si se hace algo, es mediocre. Las condiciones de partida son tan ESPANTOSAS, que no hay manera de frenar en seco este proceso. Lleva tiempo, lleva esfuerzo, lleva motivación y lleva confianza. Y muchos cambios en el día a día. Pero hay que ser realistas: no podemos detener de golpe un tren que va a toda velocidad. Y en esa inercia, habrá daños.
Cuando vemos un paciente así, sabemos todo esto y planificamos de acuerdo a ello.
Pero este paciente ha sido visto por el pediatra del centro de salud y nunca dio importancia a estos dientes. “Es normal”.
Vienen los padres, escuchamos perplejas lo de la “normalidad”, nos hacemos cruces y presentamos un plan de tratamiento
Vuelven los padres al pediatra y dice éste que es “exagerado” hacer “todo eso” a un niño que no tiene ni dos años.
Pero no ve exagerada la destrucción que presenta, no ve exagerado el DOLOR que tiene.
Hoy estoy calentita y lo voy a decir. Ese pediatra se merece el segundo “¿POR QUÉ NO TE CALLAS?” más potente de la Historia. ¿Le discutimos nosotras los planes de tratamiento a otros especialistas cuando no tenemos NI PAJOLERA IDEA? ¿Por qué ellos SÍ?
Llevamos una temporadita INDECENTE viendo cómo, en mi ciudad (3 ambulatorios, UN SOLO hospital público en toda la provincia), los médicos, que han estudiado poquito poquito de odontopediatría en su vaaaaaaasto curriculum, se permiten decir verdaderas BARBARIDADES. Y mientras tanto, ME CONSTA, los dentistas de la pública haciendo más de lo que pueden y deben con los escasos recursos que les dan. Pero algunos pediatras ni siquiera saben conjugar el verbo “DERIVAR AL DENTISTA” cuando ven algo que desconocen.