18/02/2026
A lo largo de los años, muchas manifestaciones que hoy se definen como “pretumorales” o “tumorales” han sido observadas, clasificadas y tratadas sin una verdadera explicación causal unificada. La teoría del Dr. Isaac Goiz Durán, a través del Biomagnetismo Médico, representa una propuesta revolucionaria porque aporta orden, lógica y secuencia a los procesos biológicos que llevan desde una simple infección hasta una neoplasia.
Según esta visión, todo tiene origen en los patógenos y, sobre todo, en sus combinaciones, no en la casualidad. Virus, bacterias, hongos y parásitos producen exudados que se difunden por el sistema linfático y pueden acumularse en cualquier parte del organismo. Cuando estos procesos se estructuran, se pasa a fenómenos más complejos.
Los infiltrados surgen cuando dos virus desnaturalizan las proteínas de los llamados siete espacios potenciales: piel, pleura, pericardio, peritoneo, periostio, meninges y cavidades articulares. Esta desnaturalización atrae agua y genera líquidos anómalos. Si a este cuadro se añade una bacteria, el infiltrado se vuelve séptico. En la piel, todo esto puede manifestarse como manchas, habones o edemas, a menudo agravados por toxinas bacterianas.
Los quistes y pólipos no son eventos aleatorios: requieren siempre la combinación de un virus y una bacteria. El virus induce retracción, fibrosis y formación de cápsula, mientras la bacteria provoca inflamación, disolución y contenido líquido o laxo. Esta doble acción explica su estructura característica.
Los abscesos, a menudo confundidos con tumores, derivan en cambio de la presencia de dos bacterias. Desde esta perspectiva, no son proliferaciones tumorales sino infecciones profundas localizadas con dinámicas específicas de drenaje biológico.
Las displasias, frecuentemente etiquetadas como neoplasias iniciales, serían el resultado de dos bacterias y un virus. Solo cuando el cuadro evoluciona se entraría en el campo de las neoplasias propiamente dichas, que requerirían combinaciones más complejas. La agresividad aumentaría cuando intervienen otros microorganismos adicionales que alteran procesos celulares y tisulares.
Las metástasis, según este enfoque, no dependerían necesariamente del tumor primario sino de la acción de bacterias específicas, lo que explicaría por qué a veces aparecen lesiones secundarias sin un tumor primario detectable o, al contrario, tumores sin diseminación.
Esta interpretación se relaciona con la visión del Dr. Otto Warburg, quien demostró que el cáncer se asocia a un entorno celular alterado, pobre en oxígeno y dominado por fermentación metabólica. Desde esta perspectiva, el tumor no sería la causa inicial, sino la consecuencia de un terreno biológico previamente desequilibrado.
Divulgadores como Frank Suárez han popularizado esta idea explicando cómo el metabolismo, el pH, la inflamación crónica, la alimentación y el estrés configuran el terreno donde los procesos biológicos se desarrollan. Sin un terreno alterado, el proceso no se consolida.
También se destaca el papel del estado psico-biológico. El miedo intenso puede influir negativamente en la fisiología, alterar la regulación del sistema nervioso y dificultar la recuperación. Por el contrario, favorecer la calma, el descanso, el sueño y el equilibrio interno ayuda al organismo a responder de forma más eficiente.
De este modo, esta visión propone que el cuerpo no actúa al azar ni “se equivoca”, sino que responde a condiciones internas específicas. Comprender ese lenguaje biológico permitiría intervenir de forma más coherente, integradora y orientada al equilibrio y al bienestar.