18/11/2025
Goethe que era un firme defensor de la unidad entre teoría y práctica, decía: «También podemos construir algo bello con las piedras que bloquean el camino.»
Cuando estamos sentados en zazen, a veces aparecen incomodidades, molestias, más o menos soportables que enseguida captan toda nuestra atención. Ruidos molestos, dolor de espalda o de piernas, demasiado calor, demasiado frío, etc.
Y empezamos a añadir cosas. Añadimos una valoración, un juicio, una medición sobre las mismas, y nos quedamos ahí, rumiando, decidiendo que vamos a hacer si la rodilla nos sigue molestando, esperando que el niño que habla gritando se vaya a otro sitio, o lamentándonos de no habernos puesto para zazen algo de más abrigo en un día tan frío. Siempre tenemos que añadir algo. No nos permitimos simplemente estar ahí, observando lo que acontece sin añadir nada a lo que es.
Kanchi Sosan en el Shin Jin Mei dice:
“La mente es la raíz de todas las cosas. Si la mente es correcta, todo está bien.
No busques, no rechaces, no añadas nada: así la mente permanece en calma.”
Por su parte, Dōgen Zenji en el Shōbōgenzō (Tesoro del Ojo del Verdadero Dharma), habla de "despojarse del cuerpo y la mente" (shinjin datsuraku). Esta expresión no significa ignorar el cuerpo o el dolor, sino liberarse de la visión dualista de que el cuerpo y la mente son entidades separadas. El dolor y la incomodidad es una parte intrínseca de la experiencia del cuerpo, y
nuestra práctica consiste en aceptarlo como tal, sin apego ni aversión, permitiendo que la conciencia plena impregne la sensación.
Y si todavía tenemos dudas sobre cuál es nuestra práctica, hay un extracto adaptado del sutra del sexto patriarca, Daikan Eno (Huineng) que lo expresa con aún más claridad:
«La verdadera práctica es permanecer en la realidad tal cual es. No añadir pensamientos a lo que surge, no perseguir lo que se desvanece. Cuando nada se fabrica, el propio corazón es el camino.»
No hay nada más que añadir.