29/01/2026
Las heridas de la infancia nacen en el vínculo más importante que tenemos: mamá y papá.
No porque ellos lo hicieran mal,
sino porque lo hicieron lo mejor que pudieron con su propia historia.
La relación con mamá marca cómo recibes el amor, el cuidado y la seguridad.
La relación con papá marca cómo sales al mundo, cómo confías en ti, cómo te permites avanzar y tomar tu lugar.
Cuando una de esas relaciones fue fría, ausente, exigente o inestable, el niño interior aprende mensajes inconscientes como:
“Tengo que esforzarme para que me amen.”
“No soy suficiente.”
“No es seguro confiar.”
“Mejor me adapto para no perder el amor.”
Esos mensajes no se quedan en la infancia. Viajan contigo a la pareja, al trabajo, al dinero y a la forma en la que te tratas. Por eso muchas veces no eliges desde el amor, eliges desde la herida.
Sanar la relación con mamá y papá no es juzgarlos. Es comprender que a través de ellos llegó la vida, y que al honrar su historia, recuperas tu lugar en la vida. Recuperas tu propia historia.
Cuando el niño interior se siente visto:
✨ el amor deja de doler
✨ la autoestima se fortalece
✨ las relaciones se ordenan
✨ la vida fluye con más calma
Tu infancia no define tu destino,
pero entenderla y sanar las heridas de rechazo, humillación, injusticia, abandono, traición, puede transformar tu vida y tu destino.
✨ Terapias Ena ✨