16/10/2025
EL PODER DE NOMBRAR LO QUE SENTIMOS
Aunque durante un tiempo me molestaba que me dijeran que soy muy “tiquismiquis” con el uso del lenguaje y los matices que extraigo de cada palabra dicha, actualmente me siento en paz conmigo misma y con esta parte de mi que “le saca punta a todo”. Y es que cada día tengo más claro que LAS PALABRAS IMPORTAN; las que se dicen y las que no, cómo y cuándo se dicen, y también a quién (especialmente las que nos decimos a nosotras mismas)...
En un mundo que se mueve rápido y exige respuestas inmediatas, muchas veces nos limitamos a describir cómo nos sentimos con palabras como “bien” o “mal”. Pero el ser humano, y las emociones que habitan en nuestro interior, son mucho más complejas que eso. Cada palabra abre una puerta distinta hacia la comprensión, el cuidado y el cambio. Decir “me siento mal” no es lo mismo que decir “me siento frustrada”, “me siento decepcionada” o “me siento ansiosa”. Decir “me siento bien” no es lo mismo que decir “me siento alegre”, “me siento ilusionada” o “me siento en paz”.
Enriquecer nuestro vocabulario emocional es como afinar un instrumento: nos permite expresar con mayor precisión lo que ocurre en nuestro interior. Cuando aprendemos a distinguir entre estar triste, melancólico, abatido o nostálgico, no solo nos entendemos mejor a nosotros mismos, sino que también facilitamos que los demás nos comprendan y nos puedan acompañar de manera más ajustada a lo que necesitamos en cada momento.
Aprender a ponerle palabras a lo que llevamos dentro nos conecta con nosotras mismas, nos visibiliza, nos valida, convierte en real lo “indeterminado”. Da dirección y sentido al camino del autoconocimiento.
HABLAR CON PRECISIÓN DE LO QUE SENTIMOS no es un lujo, ES UNA HERRAMIENTA DE SALUD MENTAL, DE CONEXIÓN HUMANA Y DE CRECIMIENTO PERSONAL.
Cada palabra que aprendemos para describir nuestras emociones es un paso hacia una vida más auténtica, más consciente y más plena.
🫂💗😘