11/12/2025
Hay verdades que solo se comprenden cuando duelen. Una muy potentes es esta: Si sientes, eres capaz de sanar.
Suelo decir en consulta, que sentir es un gran regalo. Es justo aquello que nos hará reconciliarnos con la verdadera fortaleza interior.
Las experiencias de sufrimiento vividas nos han ido formando una coraza de dureza y frialdad emocional. Sin embargo, cuando algo dentro de nosotros ya no puede sostenerse de la misma forma, el dolor llega a nuestra vida.
Nos obliga a escuchar lo que hemos ignorado por demasiado tiempo. Viene a recuperar algo que creíamos perdido.
Nos devuelve a la realidad de nuestros propios límites, esos que solemos pasar por alto mientras intentamos cumplir, agradar o resistir más de lo que es humano.
Cuando duele, el cuerpo y el alma nos dicen:
“Hasta aquí. Algo tiene que cambiar.”
Detrás de esa coraza hay riqueza, hay verdad. Hay libertad. El dolor tiene una función adaptativa enorme: Nos despierta, nos hace parar.
Sentir te conecta contigo y esa conexión es la base de toda sanación.
No se puede sanar lo que no se siente.
No se puede transformar lo que no se reconoce.
Sentir no te debilita; te humaniza.
Te devuelve a tu centro.
Te muestra dónde estás y hacia dónde necesitas moverte para vivir de una manera más honesta contigo mismo.
El dolor es el motor que enciende el cambio.
Cuando dejas de huir y te permites sentir, ese acto de valentía, hace posible lo imposible…
Y sanar es la consecuencia natural de escucharte de verdad.