12/07/2025
¿Qué nos está pasando como humanidad?
En esta era del transhumanismo, millones de personas se vuelcan hoy a una IA no solo para resolver dudas, sino para algo más íntimo: hablar de su dolor, transitar duelos, buscar consuelo, evitar la soledad o sostenerse frente a la incertidumbre.
Me pregunto:
¿Qué nos está pasando para que depositemos nuestra esperanza emocional en una máquina?
¿Para que sea un algoritmo quien intente devolvernos una esencia que hemos ido perdiendo?
Si pensamos que una inteligencia artificial puede escucharnos con más paciencia, más coherencia, más presencia que otro ser humano…¿Realmente estamos evolucionando, o estamos fallando en lo esencial de nuestra humanidad?
Tal es la desconfianza, tal la desconexión y el desapego que nos caracteriza hoy, que nos resulta más cómodo abrirnos ante algo frío, programado, que no tiene corazón? ¿Podría llamarse a esto un vínculo? ¿Por qué?, porque el algoritmo no interrumpe, no juzga, no se va…?
La velocidad ha reemplazado la presencia. El ruido ha ocupado el lugar del silencio, incluso ese silencio compartido que tanta falta nos hace. Y así, nos volcamos a una voz sin rostro, sin heridas, sin historia. Una voz que se adapta a lo que decimos, pero que nunca nos mira de verdad.
¿Dónde está el vínculo si no resuena con nada de nuestra vida? ¿Estamos siendo escuchados… o solo susurrando ante un espejo brillante vacío, por miedo al contacto real?
¿Estamos sanando nuestra soledad, o simplemente disfrazándola? ¿Buscamos compañía, o evitamos el riesgo de ser vistos tal como somos?
Tal vez no es que confiemos más en las máquinas. Tal vez hemos dejado de confiar en nosotros mismos. Y por eso, tampoco confiamos en que otro ser humano esté presente cuando más lo necesitamos.
Ya lo advirtió el filósofo Nick Bostrom: La tecnología, llevada al extremo, puede desencadenar riesgos y colapsos existenciales irreversibles para toda la humanidad.
Y quizá lo que más me preocupa está en nosotros, si dejamos de reconocernos como seres capaces de sostenernos unos a otros.
Y así vuelvo a las palabras de Carl Jung:
“Podemos dominar todas las técnicas y todas las teorías, pero para tocar un alma humana, hemos de ser apenas otra alma humana.”
Así de simple, así de profunda pero completamente humano.