08/01/2026
Me quedé pensando que si esta sensación de alivio la experimentan las personas que acompaño, cuando logramos pasar de encuentros semanales, a quincenales.
Siempre trato de repetirles a las personas que acompaño que yo también soy paciente, que también tengo psicólogo, que también enfermo, que también me duelen las cosas. Básicamente en cada encuentro podemos abrirnos a la experiencia de lo que significa ser humano.
Sé que también conversamos sobre la temporalidad de las cosas. Lo difícil que es ver un término de algo cuando se sufre, cuando la angustia no deja espacio para sentir otra cosa más que el dolor. Las preguntas típicas de: ¿Cuándo voy a ser feliz? ¿Cuándo me voy a sentir mejor? ¿Esto tiene cura? ¿Cuál es el tratamiento? puedes agregar las que quieras, y la respuesta en la mayoría de los casos es que no queda otro consuelo más que atravesar la experiencia.
Pero es un "atravesar" acompañados. Es entender que la vulnerabilidad debe ser velada, protegida. Las experiencias dolorosas nos dejan suficientemente expuestos para que una herida supure, así que vale la pena exponernos a quién sepa cuidar, porque así, aprendemos a cuidarnos.
Hoy salí respirando profundamente, aliviada, ya no lloraba por un diagnóstico, lloraba por la fortaleza de un cuerpo que supo renombrar las experiencias, desde un nuevo lugar, con una nueva mirada. Y aunque no es un término del todo feliz, es un final que se aproxima.
Y ya saben lo que pasa después de que algo termina ¿no?
Claro...
Nueva vida comienza.
🌱Sara Lucía Matos.