18/02/2026
Por Vero Tegeiro. Al hablar de antivacunas es muy fácil caer en que se trata de mera ignorancia. Sin embargo un factor fundamental para el crecimiento de antivacunas en la actualidad es simple: es gente que no sabe lo que es vivir sin esas vacunas.
La polio fue una enfermedad que tuvo su apogeo en las décadas de los 40's y 50's. Los casos más graves llevaban a parálisis (usualmente en las piernas) o a parálisis respiratoria que podía ser mortal. Si tienes 20-30 años, tus abuelos saben lo que es vivir con contagios de polio. Vamos, incluso puedes conocer a alguien que sufra alguno de sus efectos a la fecha. ¿Qué evitó que esto dejara de pasar? La vacunación masiva de la vacuna desarrollada en 1955.
El sarampión es fue/es una enfermedad en extremo contagiosa y una de las principales causas de mortalidad infantil durante el siglo XX. Había epidemias de vez en cuando con resultados graves en las poblaciones. En este caso, es muy probable que tus papás sepan lo que es vivir estos casos de sarampión, o incluso que conocieran a un vecino o compañero de escuela que murió por esto. Aunque no tan controlado como la polio, el sarampión se redujo considerablemente a partir de 1963. ¿Por qué? Exacto, por la introducción de la vacuna.
No es sólo que la gente sea ignorante, desde un punto de vista médico o científico, para entender y aceptar la abrumadora evidencia de que las vacunas funcionan, o por qué eso de "pues tú vacuna al tuyo y yo al mío no", no funciona. Es uno más de los muchos ejemplos de que los seres humanos, lamentablemente, parece que estamos destinados a tener que vivir desgracias que ya se vivieron y se resolvieron en el pasado.
Es difícil ver enfermedades prevenibles por vacunación como algo preocupante cuando no conoces un solo caso de alguien con sarampión o polio, pero tienes acceso 24/7 a una madre de familia diciéndote que las vacunas causan autismo o que lo mejor es la inmunización "natural".
Es sesgo del superviviente. Básicamente gente que vivió las mieles de crecer con poblaciones vacunadas masivamente y, por tanto, cree que no hay un riesgo real. Entonces no, no sólo es ignorancia científica o sensacionalismo. Es que mucha gente necesita experimentar algo perfectamente prevenible en carne propia para creer que existe. Pero eso no cambia un hecho fundamental: las vacunas salvan vidas, y salvan de una infinidad de consecuencias negativas, de las más leves hasta incapacidades permanentes.
Sé responsable y vacuna a tus crías. Y vacúnate tú para aquellas que te tocan. Porque no olvides que, en el caso del sarampión, que es la que tiene un brote actual, todos los niños menores a 18 meses, de cajón, van a estar desprotegidos, porque la primera dosis es a los 12 meses y la segunda a los 18. También es un riesgo para personas vacunadas pero inmunodeprimidas, como aquellos que están en tratamiento de cáncer, personas con trasplantes o VIH sin tratamiento adecuado.
Dejemos de poner en riesgo a bebés y personas que enfrentan alguna enfermedad grave porque una señora o un señor en tiktok nos dijo que no era necesario, o porque en el fondo no ves peligro en una enfermedad que nunca has visto, vivido, ni sufrido. Igual existe. Y estás protegido de ella gracias a tu mamá o tu papá, y a millones de papás y mamás que también lo hicieron con sus hijos. Es hora de regresar el favor a la siguiente generación.