14/01/2026
La porcelana tiene algo que no se puede explicar del todo…
Parece frágil, pero no lo es.
En realidad, es uno de los materiales más duros:
una fuerza escondida bajo una piel delicada.
Retornear una pieza es entrar en otro ritmo.
El torno gira, la herramienta avanza
y el mundo se queda en silencio.
Cada corte es limpio.
Cada viruta que cae es una idea menos,
un peso que se suelta,
un pensamiento que se ordena.
Las virutas se acumulan como pequeñas pruebas del proceso:
lo que sobra,
lo que se deja ir
para que la forma respire mejor.
No son residuos;
son huellas de atención.
Lo que se quita no es pérdida:
es aire.
Hay algo profundamente terapéutico en ese gesto repetido,
en escuchar el sonido exacto de la porcelana
cuando está en su punto.
Es control y entrega a la vez,
disciplina y confianza,
al mismo tiempo.
Al final queda la pieza.
Y alrededor, el suelo lleno de virutas que dicen lo mismo:
aquí alguien estuvo presente…