Vicente Laparra

Vicente Laparra Profesor de Medicina Tradicional China - Quiromasaje - Radiónica - Reiki - Osteopatía visceral.

EL HOMBRE QUE SE DESPERTABA A LAS TRESEn un apartamento de Madrid, Andrés abrió los ojos a las 3:17 de la madrugada.Otra...
27/04/2026

EL HOMBRE QUE SE DESPERTABA A LAS TRES

En un apartamento de Madrid, Andrés abrió los ojos a las 3:17 de la madrugada.

Otra vez.

No era la primera noche.
Ni la quinta.

Siempre a la misma hora.

Miró el techo.
Oscuro. Quieto. Silencioso.

No tenía hambre.
No tenía sed.
No tenía sueño.

Solo esa sensación.

Como si algo dentro siguiera despierto aunque el cuerpo no pudiera más.

Se giró en la cama.

Intentó volver a dormirse.

No pudo.

En Medicina Tradicional China, despertarse entre la una y las tres de la madrugada suele hablar del hígado.

No del órgano físico solamente.
Del lugar donde se acumula lo que no se descarga.

La tensión.
La irritación.
Lo contenido.

Andrés cerró los ojos.

Y lo vio claro.

Llevaba semanas tragándose respuestas.
Apretando la mandíbula.
Diciendo “da igual” cuando no daba igual.

El cuerpo dormía.

Pero lo retenido no.

Se incorporó despacio en la oscuridad.

Y entendió algo incómodo:
no se despertaba por la noche…
lo despertaba lo que llevaba días sin soltar.

LA MUJER QUE NO PODÍA PARAR DE PENSAREn un piso de Valencia, Marta se metió en la cama… y encendió la luz otra vez.Miró ...
24/04/2026

LA MUJER QUE NO PODÍA PARAR DE PENSAR

En un piso de Valencia, Marta se metió en la cama… y encendió la luz otra vez.

Miró el móvil.
Lo dejó.

Cerró los ojos.

Pensó en el trabajo.
En lo que dijo.
En lo que no dijo.
En lo que podría pasar mañana.

Se giró.

Suspiro.

Otra vez.

El cuerpo estaba cansado… pero la cabeza no.

Se levantó a la cocina.
Bebió agua.

Todo en silencio.

Demasiado silencio.

Y ahí estaba otra vez:
la mente dando vueltas sin parar.

En Medicina Tradicional China, el bazo no solo digiere comida… también pensamientos.

Y cuando se satura…
la mente no descansa.

Marta apoyó las manos en la encimera.

Se dio cuenta de algo simple:

no estaba resolviendo nada…
solo estaba repitiendo.

Volvió a la cama.

Y en lugar de intentar dormir…
dejó de seguir el pensamiento.

Uno pasó.

Luego otro.

Y otro.

Pero ya no los agarró.

No fue paz total.

Pero fue el primer descanso real en días.

Y entendió algo incómodo:
no era falta de sueño…
era exceso de mente.

EL HOMBRE QUE NO PODÍA RESPIRAR HONDOEn un apartamento de Shanghái, Wei se sentó en el sofá después del trabajo.Todo est...
22/04/2026

EL HOMBRE QUE NO PODÍA RESPIRAR HONDO

En un apartamento de Shanghái, Wei se sentó en el sofá después del trabajo.

Todo estaba en silencio.
Demasiado silencio.

Encendió la televisión… la apagó.
Miró el móvil… lo dejó.

Suspiró.

Otra vez esa sensación.

Como si el aire no entrara del todo.

No era ansiedad.
No era enfermedad.

Era algo más sutil.

Se levantó y abrió la ventana.
El aire frío entró de golpe.

Respiró hondo… pero el pecho seguía igual.

Se apoyó en el marco y se quedó quieto.

Entonces recordó algo simple:
llevaba meses sin llorar.

Sin parar.
Sin soltar.

Solo aguantando.

En Medicina Tradicional China, el pulmón no solo respira… también suelta.

Y Wei no estaba soltando nada.

Volvió a inhalar.

Y esta vez, en lugar de intentar llenar el pecho…
dejó salir el aire más despacio.

Algo cambió.

No fue inmediato.
Pero fue real.

Y entendió algo incómodo:
no le faltaba aire…
le sobraba lo que no dejaba ir.

LA MUJER Y LA LENGUAEn una consulta de Suzhou, la doctora Mei no miraba primero los análisis.Pedía algo más simple.—Saqu...
20/04/2026

LA MUJER Y LA LENGUA

En una consulta de Suzhou, la doctora Mei no miraba primero los análisis.
Pedía algo más simple.

—Saque la lengua.

La mujer dudó un instante, pero obedeció.

Mei observó en silencio.
No tomó notas.
No hizo gestos.

Solo miró.

—Duermo mal —dijo la paciente—. Me despierto cansada. Estoy irritable… pero no pasa nada grave en mi vida.

Mei asintió.

—Abra un poco más.

La mujer lo hizo.

—¿Qué ve? —preguntó con cierta impaciencia.

Mei se sentó frente a ella.

—Veo calor arriba… y vacío abajo.

La mujer frunció el ceño.

—¿Eso qué significa?

Mei no respondió de inmediato.

—Que tu mente va más rápido que tu cuerpo.

Silencio.

—Te exiges cuando estás cansada.
Te activas cuando necesitas parar.
Te llenas de estímulos… y luego esperas descansar.

La mujer bajó la mirada.

—Pero todo eso es normal —dijo.

Mei negó suavemente.

—Que sea común no significa que sea natural.

La paciente respiró hondo.

—¿Entonces estoy enferma?

Mei sonrió levemente.

—No.
Estás desordenada.

La mujer se quedó en silencio.

—En medicina china —continuó—, no siempre hay algo roto.
A veces solo hay algo que ha perdido su ritmo.

—¿Y cómo lo arreglo? —preguntó.

Mei se inclinó un poco hacia delante.

—No empieces por arreglar.
Empieza por escuchar cuándo te estás forzando.

La mujer no respondió.

Pero por primera vez no pensó en su problema…
pensó en su forma de vivir.

Y entendió algo incómodo:
no estaba fallando su cuerpo…
estaba desfasado su ritmo.

EL BAZO Y LA MENTE QUE NO PARA“No puedo dejar de pensar.”No es solo preocupación.Es darle vueltas a todo… una y otra vez...
17/04/2026

EL BAZO Y LA MENTE QUE NO PARA

“No puedo dejar de pensar.”

No es solo preocupación.
Es darle vueltas a todo… una y otra vez.

En Medicina Tradicional China, esto suele afectar al bazo (Pi).

El bazo no solo digiere alimentos…
también digiere pensamientos.

Cuando se debilita:
• la mente se vuelve repetitiva
• cuesta desconectar
• aparece cansancio mental
• sensación de pesadez o falta de claridad

No es falta de disciplina.
Es saturación.

Pensar demasiado… también agota.

🌿 INFUSIÓN PARA CALMAR EL BAZO

Ingredientes:
• 2-3 rodajas de jengibre fresco
• 1 rama de canela
• 1 cucharadita de miel (opcional)
• 250 ml de agua

Preparación:
• Hervir 10 minutos
• Tomar caliente, preferiblemente por la tarde

Beneficios (MTC):
• Fortalece el bazo
• Calienta la digestión
• Reduce la rumiación mental

No todo lo que piensas necesita resolverse…
a veces necesita descansar.

EL HÍGADO Y LA RABIA QUE NO SALE“No estoy enfadado… solo cansado.”Eso suele decirse.Pero en Medicina Tradicional China,c...
15/04/2026

EL HÍGADO Y LA RABIA QUE NO SALE

“No estoy enfadado… solo cansado.”

Eso suele decirse.

Pero en Medicina Tradicional China,
cuando el hígado (Gan) no fluye…
aparece irritabilidad, tensión, presión interna.

No siempre explota.
A veces se queda dentro.

Y cuando se queda… se acumula.

Se nota en:
• tensión en cuello y hombros
• mal humor sin motivo claro
• suspiros frecuentes
• sensación de estar “contenido”

No es carácter.
Es energía que no está moviéndose.

🌿 INFUSIÓN PARA LIBERAR EL HÍGADO

Ingredientes:
• 1 cucharadita de menta
• 1 cucharadita de flor de crisantemo
• piel de limón (opcional)
• 250 ml de agua

Preparación:
• Infusionar 10 minutos (no hervir fuerte)
• Tomar 1-2 veces al día

Beneficios (MTC):
• Mueve la energía del hígado
• Disipa el calor interno
• Relaja la tensión emocional

No siempre necesitas calmarte…
a veces necesitas dejar de contenerte.

EL CORAZÓN Y LA ANSIEDAD SILENCIOSA“Duermo… pero no descanso.”No hay ataques.No hay nervios evidentes.Todo parece estar ...
13/04/2026

EL CORAZÓN Y LA ANSIEDAD SILENCIOSA

“Duermo… pero no descanso.”

No hay ataques.
No hay nervios evidentes.
Todo parece estar bien.

Pero dentro… no para.

En Medicina Tradicional China, esto no siempre es ansiedad visible.
Es el corazón (Shen) en tensión constante.

No grita.
No explota.
Pero nunca se apaga.

Y eso agota más que cualquier crisis.

A veces no estás en calma…
solo estás contenido.

🌿 INFUSIÓN PARA CALMAR EL CORAZÓN (SHEN)

Ingredientes:
• 3 dátiles rojos (azufaifa / jujube)
• 1 cucharadita de semillas de loto
• 1 cucharadita de flor de espino (opcional)
• 250-300 ml de agua

Preparación:
• Hervir 10-15 minutos
• Tomar por la noche, caliente

Beneficios (MTC):
• Nutre el corazón
• Calma la mente
• Reduce la agitación interna

EL PULMÓN Y LA TRISTEZA QUE NO SE IBAEn una consulta de Nanjing, el doctor Qiu preparaba una decocción suave con pera, m...
10/04/2026

EL PULMÓN Y LA TRISTEZA QUE NO SE IBA

En una consulta de Nanjing, el doctor Qiu preparaba una decocción suave con pera, miel y raíz de lirio.

Una mujer se sentó frente a él.

—No estoy triste —dijo—.
Pero siento el pecho pesado… como si no pudiera respirar del todo.

Qiu tomó su pulso sin hablar.

—El pulmón —dijo al cabo de unos segundos—
no solo respira aire.

La mujer lo miró.

—Respira lo que dejas entrar…
y lo que no sueltas.

Silencio.

Qiu sirvió la infusión.

—Esto humedece el pulmón —explicó—.
Suaviza la sequedad.

La mujer bebió despacio.

—¿Cuánto debo tomarlo?

Qiu la miró con calma.

—Hasta que dejes de retener lo que ya terminó.

La mujer bajó la mirada.

—No estoy reteniendo nada —insistió.

Qiu negó suavemente.

—La tristeza que no reconoces…
no desaparece.
Se vuelve peso.

El aire en la sala parecía más denso.

—En medicina china —continuó—, el pulmón necesita soltar.
Cuando no sueltas… no hay espacio para lo nuevo.

La mujer cerró los ojos.

Por primera vez no intentó respirar mejor.

Intentó exhalar.

Y en ese gesto mínimo entendió algo incómodo:
no le faltaba aire…
le sobraba lo que no había dejado ir.

LA RAÍZ QUE NO NUTRÍAEn una botica antigua de Xi’an, el doctor Zhou preparaba una decocción espesa con ginseng.El pacien...
08/04/2026

LA RAÍZ QUE NO NUTRÍA

En una botica antigua de Xi’an, el doctor Zhou preparaba una decocción espesa con ginseng.

El paciente, un hombre de mediana edad, lo observaba cansado.

—Estoy agotado todo el tiempo —dijo—. Sin energía, sin ganas.

Zhou asintió.

—El ginseng tonifica el Qi —explicó—.
Devuelve fuerza cuando se ha perdido.

El hombre tomó la taza caliente.

—¿Cuánto debo tomarlo?

Zhou no respondió de inmediato.

—Hasta que dejes de vaciarte —dijo al fin.

El hombre frunció el ceño.

—Trabajo mucho. Es normal estar cansado.

Zhou negó con calma.

—No te cansas por lo que haces.
Te cansas por lo que no paras.

Silencio.

—En medicina china —continuó—, el Qi se debilita cuando das sin recuperar.
Cuando sostienes lo que no te corresponde.
Cuando sigues… aunque ya no estés.

El hombre bajó la mirada.

—¿Y el ginseng no lo soluciona?

Zhou sonrió levemente.

—El ginseng puede llenar…
pero no puede cerrar lo que tú dejas abierto.

El hombre sostuvo la taza entre las manos.

Por primera vez no pensó en recuperar energía.

Pensó en todo lo que llevaba tiempo perdiendo.

Y entendió algo incómodo:
no necesitaba más fuerza…
necesitaba dejar de desgastarse.

LA MENTA QUE NO ENFRIABAEn un pequeño herbolario de Kunming, el aire olía a hojas secas y raíces antiguas.Una mujer jove...
06/04/2026

LA MENTA QUE NO ENFRIABA

En un pequeño herbolario de Kunming, el aire olía a hojas secas y raíces antiguas.

Una mujer joven llegó alterada.

—Necesito algo para calmarme —dijo—. Estoy irritable todo el tiempo.

El herbolario, el señor Wu, no respondió de inmediato.
Tomó unas hojas de menta y comenzó a prepararlas en infusión.

—La menta dispersa el calor —dijo mientras servía—.
Aclara la cabeza. Suaviza la tensión.

La mujer bebió rápido.

—¿Cuánto debo tomarla?

Wu la miró con calma.

—Hasta que dejes de calentarte por dentro.

La mujer suspiró.

—Mi vida es estresante. Es normal.

Wu negó suavemente.

—El calor no viene de lo que pasa…
viene de lo que no dejas pasar.

Silencio.

—En medicina china —continuó—, el calor asciende cuando la energía se estanca.
Y la energía se estanca cuando te aferras.

La mujer bajó la mirada.

—¿A qué me estoy aferrando?

Wu no respondió.

Solo empujó la taza hacia ella.

La mujer no encontró la respuesta en palabras.

Pero sí en una sensación incómoda que llevaba tiempo evitando.

Y entendió algo inesperado:
no necesitaba enfriarse…
necesitaba soltar.

LA INFUSIÓN QUE NO CALENTABAEn una casa de té en Chengdu, la señora Lin preparaba infusiones según el estado de cada per...
03/04/2026

LA INFUSIÓN QUE NO CALENTABA

En una casa de té en Chengdu, la señora Lin preparaba infusiones según el estado de cada persona.

Un hombre llegó con las manos frías.

—Siempre tengo frío —dijo—. Sobre todo por dentro.

Lin no respondió.
Puso a hervir agua con jengibre fresco, canela y un poco de dátil rojo.

—Esto calentará tu Yang —dijo mientras servía.

El hombre bebió despacio.

—¿Cuánto tiempo debo tomarlo? —preguntó.

Lin lo miró con calma.

—Hasta que dejes de vivir como si todo te enfriara.

El hombre frunció el ceño.

—No lo entiendo.

La mujer se sentó frente a él.

—Comes rápido, piensas mucho, duermes poco…
y evitas todo lo que te incomoda.
Eso enfría más que el invierno.

El hombre guardó silencio.

—Las plantas ayudan —continuó Lin—,
pero no pueden sostener un fuego que tú mismo apagas cada día.

El hombre miró la taza humeante.

Por primera vez no pensó en el remedio…
pensó en su forma de vivir.

Y entendió algo sencillo:
no necesitaba más calor…
necesitaba dejar de enfriarse.

EL HÍGADO Y LA RABIA SILENCIOSAEn una clínica antigua de Suzhou, la doctora Mei escuchaba más los silencios que las pala...
01/04/2026

EL HÍGADO Y LA RABIA SILENCIOSA

En una clínica antigua de Suzhou, la doctora Mei escuchaba más los silencios que las palabras.

Una mujer llegó con dolor constante en los costados.

—No es fuerte —dijo—, pero no se va.

Mei tomó su pulso y luego la miró sin prisa.

—¿Qué estás conteniendo? —preguntó.

La mujer se sorprendió.

—Nada.

Mei no discutió.

—El hígado no grita —dijo—.
Se tensa.

La mujer bajó la mirada.

—Hace meses que evito una conversación —admitió—.
No quiero problemas.

Mei asintió.

—El problema no es la conversación —respondió—.
Es lo que haces con lo que no dices.

Silencio.

—En medicina china —continuó—, el hígado necesita que la energía fluya.
Cuando retienes lo que sientes… no se queda quieto.
Se queda atrapado.

La mujer respiró hondo.

—¿Entonces tengo que decirlo?

Mei sonrió suavemente.

—No necesariamente.
Pero sí dejar de apretarlo dentro como si no existiera.

La mujer cerró los ojos.

Por primera vez no intentó calmar el dolor.

Intentó escucharlo.

Y entendió algo incómodo:
no le dolía el cuerpo…
le dolía lo que llevaba meses sin moverse.

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