12/02/2026
Si tuviéramos que hacer una metáfora de cómo funcionan nuestras creencias, estas podrían compararse como unas lentes que nos colocamos para filtrar y dejar de recibir un cierto espectro de la realidad.
El coste de nuestro filtro es dejar de ver toda la gama de colores que nuestros ojos pueden extraer de esta realidad.
Por eso, las creencias no nos salen gratuitas.
Del mismo modo que nos ayudan a sostener una personalidad y una narrativa consistentes, también nos limitan para poder explorarnos desde una gama de posibilidades más amplias, reales y expansivas.
No cuestionarse las lentes (creencias) que te colocas y llevarlas puestas toda la vida, como si no existieran otras formas posibles de observar el mundo, puede hacerte sentir lo cotidiano como algo ordinario.
Pero la realidad es que todo lo que te pasa en el día a día puede sentirse como algo extraordinario si exploras diferentes lentes y te ofreces nuevas formas de leer y vivirte lo que está pasando.
Vivirse en lo ordinario es una elección.
A veces, las posibilidades van mucho más allá de lo que externamente está pasando.
A veces, el mayor cambio reside en mirar la vida de otra forma y ampliarse los matices.