19/02/2026
El otro día vino OTRA paciente a la consulta diciendo que se sentía culpable… La culpa no es solo una emoción individual, sino un fenómeno profundamente relacional y social. Surge y se regula dentro de los vínculos, funcionando como un mecanismo que favorece la reparación del daño y la cohesión del grupo, tal como señalan los modelos evolutivos de las emociones morales. Sin embargo, desde una perspectiva sistémica, la culpa también puede convertirse en un producto de dinámicas familiares y contextos relacionales donde se asignan responsabilidades implícitas, lealtades invisibles o roles de mantenimiento del equilibrio del sistema. En estos casos, la persona no “tiene” culpa por lo que ha hecho, sino por lo que representa dentro del sistema: quien sostiene, quien compensa o quien protege a otros del conflicto. Cuando además existe una vulnerabilidad aumentada al estrés —por experiencias traumáticas propias o intergeneracionales— esta tendencia puede intensificarse, transformándose en una culpa excesiva, persistente y desadaptativa que genera malestar y autocrítica constante. Así, la terapia sistémica busca no eliminar la culpa, sino comprender su función relacional y redistribuir las responsabilidades de manera más justa, permitiendo que el individuo deje de cargar con un peso que nunca le correspondió por completo.
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Holocaust exposure induced intergenerational effects on FKBP5 methylation. Biological Psychiatry, 80(5), 372–380. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2015.08.005