19/02/2026
La pasada madrugada del 16 la vivimos en Tiruvannāmalai, al pie de Arunāchala.
Templos abiertos hasta el amanecer.
Miles de lámparas de aceite encendidas.
El murmullo constante del mantra atravesando la madrugada.
Mahāsivarātri se celebra en la luna nueva del último mes del año del calendario hindú. La oscuridad del cielo marca el tono de la práctica: recogimiento, repetición, profundidad.
A lo largo de la vigilia se realizan cuatro pūjās. El abhishekam al linga —agua, leche, flores— cae de forma continua mientras se recita Om Namah Shivāya.
El templo de Arunāchaleswarar honra a Shiva como fuego —Agni—. Arunāchala, la montaña que custodia la ciudad, es considerada una manifestación divina. Durante horas, miles de personas caminamos en girivalam, rodeando a pie los 14 km de su colina, sosteniendo el mantra, vibración compartida.
Los relatos tradicionales -recogidos en textos como el Shiva Purāna- hablan de la columna infinita de luz y de la unión de Shiva con Pārvatī.
Se nos muestra el lenguaje místico y la experiencia tangible, hay un esfuerzo gozoso al acompañar la oscuridad de esta noche y una recompensa inmediata.
Sostener la atención y ser sostenidas por la alegría, atravesar emociones permaneciendo presentes, el regalo de ser.
Arunāchala
Fuego
Mantra
Om Namah Shivāya 🔱