05/02/2026
Hay momentos en los que estamos “demasiado dentro” de lo que ocurre.
Las circunstancias aprietan,
el cuerpo se tensa,
y la mente busca una salida rápida.
Esta semana, ante una cirugía repentina,
me vi tan nerviosa que apenas podía pensar.
No había margen para entender nada.
Solo pude hacer una cosa:
parar
y volver a lo único que, en ese momento,
me daba un poco de espacio.
Me senté.
Respiré.
Practiqué.
No para calmarme,
sino para NO perderme del todo
en lo que estaba pasando.
A veces no se trata de cambiar la situación,
sino de poder poner un poco de distancia
entre lo que ocurre
y cómo lo vivimos por dentro.