13/12/2025
Escaparate de Navidad 2025❤️
La Reina del Ajedrez y la Navidad❤️
En un rincón olvidado de un viejo desván, sobre un polvoriento tablero de ajedrez, vivía una solitaria pieza: la Reina. Era una figura de exquisita talla, pero su corazón, hecho del mismo material frío, no conocía la calidez. Recordaba vagamente los días de gloria, cuando su poder era absoluto, moviéndose por todo el tablero con gracia y autoridad. Pero ahora, solo había silencio y oscuridad.
Era Nochebuena, y a través de una pequeña rendija en la ventana, un rayo de luz lunar se coló, iluminando el tablero. Con la luz, vinieron los sonidos festivos de la casa de abajo: risas, villancicos y el crepitar de una chimenea. Un Alfil, que había caído de una caja cercana, rodó hasta detenerse junto a ella.
"¡Feliz Navidad, Majestad!", exclamó el alfil con entusiasmo.
"¿Navidad?", inquirió la Reina con desdén. "¿Otra de esas distracciones ruidosas donde la gente olvida la estrategia y el orden?".
El alfil, llamado Pino, no se inmutó. "Es un tiempo de dar, de compartir, de solidaridad y fraternidad", explicó. "Abajo, todos se reúnen, sin importar si son reyes o peones. La felicidad no está en ganar, sino en estar juntos".
La Reina resopló. "Tonterías. El valor de cada uno está en su poder, en su capacidad de moverse sin restricciones".
Mientras discutían, un peón curioso se acercó. Había oído la conversación. "La verdadera fuerza no viene de moverse rápido o lejos, señora Reina", susurró. "Viene de proteger a los que te rodean, de asegurar que el juego de la vida continúe para todos".
La Reina se sintió ofendida por la insolencia, pero las palabras del alfil y el peón, combinadas con la calidez de la luz y los sonidos de abajo, comenzaron a ablandar su núcleo de marfil. Miró a su alrededor y sintió una punzada de soledad. Su poder, sin nadie con quien compartir el tablero o a quien proteger, no significaba nada.
De repente, un niño entró al desván buscando un adorno olvidado. Vio el tablero y, murmuró:
"Nadie debería estar solo en Navidad", y colocó una pequeña estrella brillante junto al tablero antes de bajar.
Esa noche, la Reina del Ajedrez no sintió frío. Comprendió que su valor no residía solo en su movilidad, sino en su capacidad de ser parte de un conjunto, de un juego más grande donde cada pieza, incluso el humilde peón, tenía un papel vital. La Navidad, se dio cuenta, era el momento de reconocer y celebrar esa conexión. La reina, la pieza más poderosa, aprendió la lección más importante: que el amor y la compasión son los movimientos más valiosos en el tablero de la vida.
Y así, en la quietud del desván, pasaron la noche, abrigados por el espíritu de la Navidad.
Fotografía: Hugo De la Riva ❤️