19/12/2025
Con permiso de , hoy quiero compartir una frase del apartado sobre comunicación de malas noticias en Veterinaria, del libro “Cuidados Paliativos, eutanasia y duelo en la práctica veterinaria”.
Al leerla, me vinieron a la mente muchas conversaciones que he tenido en los momentos finales de vida de compañeros animales con el profesional veterinario. Conversaciones difíciles, necesarias y profundamente humanas.
En todas esas ocasiones, el veterinario sabía a qué me dedicaba y que palabras como “muerte” o “médicamente no se puede hacer más” forman parte de mi día a día. Aun así, el deseo genuino de no hacerme daño estaba muy presente en ellos. Y lo agradecí de corazón.
Pero esa misma intención, tan humana y comprensible, a veces hacía que el mensaje llegara envuelto en ambigüedad. Yo entendía una cosa, el profesional intentaba decirme otra… y la definición real de lo que pasaba al animal tardaba en aparecer.
Hasta que pedía, con cariño, que me hablaran claro. Que no pasaba nada. Que podía escucharlo. O hasta que era yo la que ponía esas palabras sobre la mesa, preguntando si era eso lo que pasaba. Y en ese momento todo cambiaba: el veterinario se liberaba del miedo a herirme, y yo podía comprender realmente la situación y decidir desde un lugar más consciente.
Comparto esto por dos motivos:
✨ Para los profesionales veterinarios: quizá aliviar ese peso —el de pensar que inevitablemente harán daño— permita que la comunicación fluya con más claridad y menos carga emocional.
✨ Para quienes acompañamos a nuestros animales: expresar qué tipo de lenguaje necesitamos y cuánta información queremos recibir puede facilitar muchísimo la conversación. Y, con ello, ayudarnos a tomar decisiones más ajustadas y compasivas para nuestros compañeros.
Porque en esos momentos tan delicados, la claridad también es una forma de cuidado.