10/02/2026
Volver a ritualizar la infancia es volver al sentido.
A repetir no por costumbre, sino por seguridad, vínculo y pertenencia.
En un mundo que corre, que innova sin parar y que confunde novedad con valor, hemos ido perdiendo algo esencial:
el significado de los rituales.
Esos pequeños actos que sostienen, que ordenan, que dicen “estás a salvo” sin necesidad de palabras.
Para la infancia, la repetición no es aburrimiento:
es hogar.
Es juego que se repite para poder confiar, para anticipar, para sentir que el mundo no se desborda.
Ritualizar desde el juego es tejer presencia.
Es crear tiempos y gestos que cuidan.
Es recordar que el juego también puede ser un acto profundamente serio:
un acto de amor 💫