31/01/2026
El impulso no es aceleración ni reacción automática: es un estado corporal donde el sistema está regulado y la energía puede movilizarse sin tensión ni sobresalto. Es cuando el cuerpo deja de defenderse y puede ponerse en movimiento con intención.
No se trata de empujar la acción, sino de sentir desde dónde brota. Cuando el ritmo interno se ordena, la mente se aquieta, la respiración se profundiza y el movimiento nace con dirección, no con urgencia.
Es el momento en que dejamos de estar divididos entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Cuerpo, emoción y propósito empiezan a alinearse.
Impulsar no es precipitarse.
Es recoger, sentir y luego moverse.
Nos vemos en la esterilla,
con presencia, dirección y movimiento consciente.
— Dany