16/04/2026
"No quiero molestar." "No es para tanto." "Seguro están ocupados." "No quiero parecer necesitado."
Y lo entiendo. De verdad.
Pero esto es lo que he aprendido de años de trabajar con personas que viven agotadas de decir que sí:
Algunas personas que sienten que se traicionan a sí mismas cuando no ponen límites, es en parte, no haber experimentado relaciones en donde no tienen que ganarse el afecto.
Están rechazando algo que nunca han tenido. Han aprendido a sobrevivir en vínculos donde el amor tenía condiciones, donde decir "no" era arriesgado, donde complacer era la única forma de sentirse seguros.
Claro que no quieren molestar. Nadie debería tener que vivir con ese miedo constante.
Pero eso no es lo único que puede existir.
Un vínculo sano puede sostenerse aunque digas que no.
Puedes decepcionar a alguien y seguir siendo querido.
Puedes existir sin estar constantemente demostrando que mereces estar ahí.
Porque cuando vives diciendo sí a todo, el agotamiento nada más aprende a esconderse. No desaparece. Lo cargas en el cuerpo, en el carácter, en la sensación de que nadie te conoce de verdad, porque nunca te has permitido ser conocido.
No tienes que querer lo que has visto hasta ahora. Pero no le cierres la puerta a lo que es posible.
Porque en cierto modo, tambien se trata de la gente alrededor tuyo. Es difícil que amen a quien eres si sólo conocen a la versión que se dobla para no perderlos.
También es sobre las personas que te rodean, aprendiendo a quererte a ti; no a la versión que se dobla para no perderlos.
Mi nombre es Luis, soy psicólogo clínico en Honduras, atiendo de manera presencial en SPS y de forma virtual con personas de todo el mundo.
Trabajo con gente cansada de vivir para la aprobación de los demás. Si esto te suena familiar, por aquí hablo de eso.