11/03/2026
—“Cuídense mutuamente, porque el día que papá y mamá ya no estén… solo se tendrán el uno al otro.”
Eso les digo a mis hijos siempre que discuten por nimiedades,
como si el destino no pudiera transformarse de un instante a otro.
A veces se nos olvida que ser hermanos no consiste solo en compartir casa, madre o niñez.
Es llevar un pedazo del alma caminando en un cuerpo ajeno.
Es contar con alguien que te proteja en el colegio,
que te dé un abrazo sin interrogatorios cuando el dolor te quema por dentro.
El cariño entre hermanos no se impone, ni se exhibe, ni se calcula.
Se siembra. Se protege. Se respeta a diario.
Que si uno tropieza, el otro le brinde la mano.
Que si uno tiene éxito, el otro lo celebre con alegría.
Porque llegará el momento en que los padres ya no sirvan de nexo…
y solo quedarán ellos, con sus vivencias, sus bromas, y esos silencios que solo entre hermanos se comprenden.
Enséñales a disculparse, a procurarse, a no permitir que el orgullo los distancie.
Porque no existe refugio más firme que un hermano que es también compañero.
And no hay pena mayor que distanciarse de quien mejor te conoce, por no saber dar el brazo a torcer.
Educar en el afecto fraterno es edificarles un sitio seguro para cuando la vida lastime.
Hoy se enfrentan por el mando de la tele o por el último trozo de pan,
pero mañana se harán falta de verdad…
Y ojalá cuando ese tiempo llegue, todavía sepan cómo estrecharse sin reservas.
Qué opinan ?
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