03/01/2026
Este año comenzarán muchas lactancias… y también finalizarán otras.
Algunas nacerán sin sobresaltos, fluirán, se acomodarán al ritmo del cuerpo y del vínculo, y encontrarán su propio equilibrio.
Otras se toparán con obstáculos (dolor, dudas, cansancio, miedo) y requerirán tiempo, acompañamiento y sostén para transformarse en una lactancia tranquila y habitable. En ciertos casos, cuando la experiencia se vuelve una fuente sostenida de malestar psicológico, ansiedad o desgaste emocional, insistir en su continuidad puede convertirse en un factor de riesgo para la salud mental materna. En esos contextos, culminar la lactancia de manera consciente y acompañada también es una forma legítima de cuidado.
Habrá lactancias que terminarán desde una decisión consciente y amorosa de la madre. Otras concluirán de manera natural, cuando el bebé esté listo. Y esas despedidas también pueden ser sanas, válidas y respetuosas.
Pero también existen lactancias que se interrumpen antes de tiempo debido a la desinformación, la presión externa o la ausencia de acompañamiento profesional; lo que no representa el deseo de la madre ni del bebé. Entonces no solo se corta la lactancia, se quiebra la confianza materna.
En este espacio sabemos que amamantar es más que un acto biológico, es una experiencia emocional y vincular. Acompañar una lactancia (sea para iniciarla, sostenerla o concluirla) es también cuidar la salud mental de la madre y el vínculo con su bebé.
Es necesario que profesionales de la salud y la sociedad en general puedan acompañar en la decisión de cada madre respecto a la alimentación de su hijo. Evitar las polaridades (como imponer la lactancia materna exclusiva o juzgar la elección de fórmula) permite que las madres confíen en sus decisiones y en su capacidad de cuidar. La presión externa genera dudas, culpa y ansiedad. Afecta el bienestar emocional y el vínculo con el bebé. De tal manera, el tipo de alimentación no define la calidad de la maternidad ni el valor de una madre. En ocasiones las circunstancias, el entorno y la historia niegan posibilidades.
Que este año ninguna madre tenga que transitar su lactancia o cualquier tipo de alimentación en soledad. Información, acompañamiento y respeto también nutren.