05/02/2026
El paciente viene con el inconsciente desbordado: afectos reprimidos, duelos no tramitados, angustia sin palabras. Freud diría que eso que cae no es clima, es retorno de lo reprimido. Y Lacan agregaría: no llueve agua, llueve goce.
El detalle delicioso es que la tormenta no moja al analista. Porque en transferencia, el sufrimiento se deposita ahí, en el espacio analítico, mientras el analista sostiene la función de paraguas simbólico: escucha sin empaparse, contiene sin actuar, no interpreta con impermeable emocional… pero tampoco se ahoga.
En análisis no se evita la tormenta. Se arma el encuadre para que puedas mojarte… sin ahogarte.
Divertida, pero real; en terapia no se controla la lluvia, se aprende a escuchar lo que cae.