27/12/2025
Lo que viviste marcó parte de tu historia, pero no define tu destino.
Tu crianza, tus heridas, tus experiencias difíciles… todo eso explica de dónde vienes, pero no decide quién tienes que ser hoy.
Usar el pasado como excusa solo te mantiene atado a lo que ya no puedes cambiar.
Usarlo como aprendizaje, en cambio, te abre la puerta a construir algo distinto.
Sí, duele mirar atrás.
Sí, cuesta romper patrones.
Sí, es más fácil repetir lo conocido.
Pero también es verdad que tú puedes elegir hacerlo diferente, elegir sanar, elegir tratar a otros —y a ti mismo— de una forma que nadie te enseñó.
Ser adulto es asumir que tal vez no fue tu culpa lo que te pasó,
pero sí es tu responsabilidad lo que haces con ello ahora.
Y aunque cueste, aunque vaya lento, aunque te equivoques,
puedes hacer las cosas bien, puedes cambiar tu historia,
puedes ser la versión de ti que hubiera necesitado aquel niño o adolescente que un día fuiste.
Ese es el verdadero poder:
construirte a ti mismo, aunque no hayas tenido el mejor inicio.