29/01/2026
LA CASA DE A LADO 👀....
En los años noventa, cuando el pueblo todavía dormía temprano y las noches eran tan oscuras que parecían tragarse el camino, la casa de a lado siempre fue distinta.
Era una casa vieja, de adobe cuarteado y techo de lámina, con un mezquite grande al frente y una sola ventana que daba directo a la calle de tierra. Ahí vivía doña Eulalia, una mujer de la tercera edad, encorvada por los años y el silencio. Casi no hablaba con nadie. Solo se le veía por las tardes, sentada junto a la ventana, mirando pasar el viento como si esperara algo… o a alguien.
Decían que en su juventud había perdido a toda su familia y que desde entonces nunca volvió a irse del pueblo. En las noches, la luz de su foco amarillo se quedaba encendida hasta muy tarde, y más de uno juraba haber visto su sombra moverse despacio detrás del vidrio.
Un invierno, doña Eulalia falleció. No hubo escándalo, solo el repique lento de las campanas y un entierro sencillo. La casa quedó cerrada. Sin luz. Sin ruido. Sin vida.
O eso creímos.
La primera vez que alguien la vio fue una noche de luna opaca. Un vecino regresaba de la labor cuando notó algo extraño: la ventana estaba iluminada. Se detuvo. Juró que vio la silueta de una mujer parada, inmóvil, mirando hacia afuera… justo como lo hacía doña Eulalia.
Pensó que era su imaginación.
Pero las noches siguientes, la historia se repitió.
Siempre a la misma hora.
Siempre la misma luz.
Siempre la figura detrás del vidrio.
Algunos decían que se aparecía porque no sabía que había mu**to. Otros aseguraban que cuidaba su casa, que no quería que nadie la habitara. Los más viejos del pueblo advertían: “No le mires fijamente a los ojos… porque entonces sabrá que la ves”.
Una madrugada, el foco de la ventana se encendió con más fuerza que nunca. Al amanecer, la luz se apagó para no volver.
Desde entonces, la casa sigue ahí. Abandonada. Silenciosa.
Pero si pasas de noche, cuando el viento huele a tierra húmeda y el pueblo parece contener la respiración, no mires la ventana.
Porque hay quienes aseguran que, aunque no se vea la luz,
ella sigue ahí… observando desde la casa de a lado.