23/03/2021
Somos el 20% de una terapia, el 80% restante lo ponen ustedes, con su deseo de sanar, con sus deseos de hablar, de olvidar una historia que nos lleva al estado del dolor. Aquí se los dejo como reflexión:
Me duele saber que los terapeutas no somos una esperanza. Por momentos me aliento con la creencia que, con el paso del tiempo, si lo seremos. Pero, por ahora, es solo una ilusión. No es lo mismo dar esperanza que serlo. Es la diferencia que media entre hacer y ser. Nos hemos centrado demasiado en confiar en la técnica y no en nosotros mismos, esperar de los métodos y no de la relación, tener fe en las teorías y no en el trabajo del alma. Sin embargo, es un buen momento para comenzar de nuevo, para darnos cuenta que técnicas, métodos y teorías no sanan. Estás frente a mí con tu dolor y, a veces, no sé qué hacer para ayudarte. Y, cuando esto ocurre, la tentación es recurrir a formas, técnicas, soluciones exprés y, de ese modo, lo que consigo es dejar de ser una esperanza. No de curación, sino de libertad. La enfermedad es una cadena. Tengo que ayudarte a liberarte de la cadena más que de la enfermedad. Si lo logro, sería esperanza para ti y tú sentirías que hay esperanza. Y, créeme, la esperanza es un buen remedio. Venir no te da esperanza pero si la seguridad de que la puedes hallar.
Eduardo Grecco