13/02/2026
Hoy quiero compartir algo muy personal, porque también forma parte de la profesional que soy.
Se cumplen 20 años de la partida de mi padre, un hombre que dejó en mi vida el regalo más valioso: creer en mí incluso antes de que yo pudiera hacerlo. Con amor, guía y ejemplo me enseñó que la confianza puede transformar el futuro de una persona. Gracias a él entendí que cuando alguien cree en ti, los límites comienzan a desaparecer.
Esa es la base desde la que hoy acompaño a cada familia que llega con una servidora.
Ser madre o padre cambia la vida por completo, pero también puede traer incertidumbre, especialmente cuando aparece un diagnóstico, un trastorno o una discapacidad. Es normal sentir miedo y preguntarse qué pasará con el futuro de sus hijos. Sin embargo, quiero recordarles algo muy importante: nunca dejen de creer en ellos.
Los niños necesitan más que terapias; necesitan adultos que confíen en sus capacidades, que los impulsen y que no se rindan. Con acompañamiento profesional, estimulación adecuada y, sobre todo, con el amor de su familia, cada pequeño puede avanzar, desarrollar habilidades y construir su propio camino. Tal vez el proceso tome tiempo, pero cada logro valdrá la pena.
Hoy honro la memoria de mi padre viviendo mi vocación y apoyando a otras familias a descubrir el potencial de sus hijos. Porque así como alguien creyó en mí, mi compromiso es creer en cada niño y caminar junto a ustedes en este proceso.
A todos los padres que están recorriendo este camino: no están solos. Nunca se rindan. Sus hijos son capaces de mucho más de lo que imaginan.