23/09/2025
¿Estudios de género y lacanismo?
Los estudios de género podrían encontrar en el psicoanálisis lacaniano un sistema conceptual sólido a costa de cuestionar el concepto de identidad:
"Lo que significa que el sujeto sea un efecto de la tensión entre significantes es que queda separado de sus bases ontológicas clásicas, de cualquier idea de inmanencia, de identidad, a partir de lo cual pasa a ser definido como un efecto de la preexistencia de la estructura del lenguaje; además, es a su vez efecto del hecho de que, para todo infante, haya habido un Otro que usó la palabra para significar, para simbolizar.
En ese punto, entonces queda dividido en la medida en que no es el agente de lo que dice, sino que es el efecto de la palabra que viene de un Otro.
Sumariamente, el sujeto queda dividido porque la preexistencia del símbolo lo deja sin identidad.
Una equivalencia que puede plantearse respecto de lo dividido del sujeto es que, como tal, es un deseante. Que sea deseante y que esté dividido funcionan, en un punto, en paralelo. O sea, como ser en falta, el sujeto es correlativo de la falta que afecta al Otro, otro nombre del deseo, por lo cual, para hacer pie allí es que el sujeto se sitúa como deseante del deseo del Otro." (Lacan, 1971)
El sujeto se busca entero, pero su imagen se astilla en el espejo del Otro que introduce el incesante movimiento de las cadenas significantes que no alcanzan a capturar lo Real de la pulsión. Por eso, la completud de identidad que el sujeto busca es imposible tanto en el nivel imaginario como en el simbólico. El sujeto está condenado a simbolizar a fin de constituirse a sí mismo como tal, pero esta simbolización no puede capturar la totalidad y singularidad del cuerpo real, el circuito cerrado de las pulsiones que giran sin tregua.
"La simbolización, es decir, la búsqueda de la identidad en sí misma, introduce la falta y hace finalmente imposible la identidad. Lo que entonces tenemos, si queremos ser precisos y exactos, no son identidades sino identificaciones, una serie de identificaciones fallidas o mejor aún un juego entre la identificación y su fracaso." (Stavrakakis Y., 1999)
En este sentido, la falta resurge continuamente allí donde la identidad debería consolidarse. Todos nuestros intentos de recubrir esta falta del sujeto mediante identificaciones que prometen darnos una identidad estable fracasan; este fracaso pone en primer plano el carácter irreductible de esta falta, que a su vez refuerza nuestros intentos de colmarla. Este es el juego circular entre la falta y la identificación que marca la condición humana.
Así, cualquier identificación es igual de falaz y por ende igual de válida socialmente. Es una conceptualización que permite la libertad a partir deo fracaso del sistema identificatorio, a partir de su vacuidad intrínseca significante. Lo cual puede no resultar muy atractivo para posicionamientos actuales que más bien buscan despesperadamente una estabilidad, una solidez identificatoria, con ideas indiferenciables de las certezas psicóticas como la siguiente:
"Ser mujer u hombre depende sustancialmente del sentimiento que se posea de pertenecer a una u otra categoría, dejando en segundo plano la asignación que los atributos sexuales externos (primarios o secundarios) muestran. Por tanto: sería mujer quien se sienta mujer, con independencia de su determinación biológica (genética, endocrina y morfológica), y sería hombre quien se sienta hombre, con independencia de su determinación biológica (genética, endocrina y morfológica)." (Sanchéz T., 2020)
Esta afirmación, aunque políticamente útil en ciertos contextos, borra la estructura del sujeto como falta. En lugar de abrir el juego de las identificaciones, lo clausura en una certeza autoafirmativa que no admite el fracaso ni la división subjetiva.
En cambio, Lacan desarma el binarismo sexual desde la lógica del significante: la función fálica no distingue entre hombre y mujer, sino que organiza el acceso al deseo y al goce. Esto abre la posibilidad de pensar la heterosexualidad, la homosexualidad, la transexualidad, etc., como posiciones en el discurso, no como esencias:
"Lo relativo al registro del acto sexual depende de la función fálica, esta función domina igualmente a ambos partenaires, la función fálica no los hace diferentes. El fundamento de lo que desde hace un tiempito estoy soltándoles, es precisamente que no hay segundo s**o. No hay segundo s**o una vez que entra en función el lenguaje. O, para decir las cosas de otro modo, en lo que concierne a lo que llamamos heterosexualidad puede vaciarse de todo esencialismo." (Lacan J.,1972)
Roberto Reyes