Dr. Marcos Ortega

Dr. Marcos Ortega “Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas”.

02/11/2025
30/10/2025

Ella hablaba de “él”, pero en realidad el verbo conjugaba en primera persona.
Como dice Silvia Bleichmar, “nadie soporta en el otro lo que no puede mirar en sí mismo”, pero algunos lo intentan con admirable constancia.
El analista asentía: no por acuerdo, sino porque sabía —como recuerda Colette Soler— que el inconsciente siempre se las ingenia para tener la última palabra, aunque sea disfrazado de queja.

En el fondo, ambos sabían que no era su marido quien necesitaba terapia, sino su espejo.
Y así, entre lapsus y risas contenidas, el diván volvió a demostrar su eficacia como deporte de alto riesgo emocional.

28/10/2025

Sigmund Freud en la portada de la revista TIME un día como hoy hace 101 años: 27 de octubre de 1924

Cortesía de la página Psychoanalysis And Psychoanalytic Psychotherapy

23/10/2025

Psicología: ciencia fallida

La psicología, pese a su larga historia y su aparente sofisticación metodológica, no ha logrado consolidarse como una ciencia en sentido estricto. Su estatuto epistemológico está profundamente comprometido por una crisis de replicabilidad que, lejos de ser coyuntural, revela fallas estructurales.

En el metanálisis sobre replicación en psicología, Makel, Plucker y Hegarty (2012) se analizaron más de 20,000 artículos publicados en revistas psicológicas. ¿Cuántos de ellos eran estudios de replicación? Apenas el 1.07%. Es decir, más del 98% de la producción científica en psicología ignora el principio básico de la ciencia: verificar si lo que se afirma puede reproducirse.

Desde principios de la década de 2010, la comunidad científica ha reconocido que gran parte de los estudios psicológicos no pueden ser replicados con éxito. El proyecto Open Science Collaboration (2015) encontró que solo el 36% de los estudios replicados alcanzaban significación estadística. Más recientemente, Protzko et al. (2023) confirman que no hay evidencia de mejora sustancial en la tasa de replicabilidad, a pesar de los esfuerzos por reformar las prácticas metodológicas.

Simmons et al. (2011) demostraron que es “inaceptablemente fácil publicar evidencia estadísticamente significativa que concuerde con cualquier hipótesis”, incluso en estudios sobre fenómenos paranormales (Bem, 2011). Esta plasticidad metodológica permite fabricar resultados que parecen científicos, pero que carecen de sustancia replicable: cuando el método permite validar la telepatía, no estamos ante una ciencia flexible, sino ante una ciencia rota.

Prácticas como el p-hacking, la selección sesgada de datos, y la presión editorial por publicar resultados positivos han generado un ecosistema donde la validez empírica es sacrificada en favor de la visibilidad académica.

El sujeto humano, objeto de la psicología, no se comporta como un objeto concreto. Es contextual, simbólico, contradictorio. Como señala José Burgos, “es posible que la crisis de replicabilidad no se deba a razones metodológicas sino a razones oncológicas o matefícas, y que la realidad que estemos estudiando sea inherente y objetivamente probabilística”.

Pero si el objeto resiste la cientificidad, ¿por qué insistir en tratarlo como ciencia? ¿Por qué no asumir que la psicología es una disciplina híbrida, filosófica, clínica, interpretativa, pero no científica en sentido estricto? ¿Por qué este afán por hacerse pasar como ciencia dura?

En otras palabras, la psicología no fracasa solo por mala praxis; fracasa porque su objeto resiste la cientificidad tal como fue definida por Peirce: “hay cosas reales cuyas características son totalmente independientes de nuestra opinión acerca de ellas”. El sujeto psicológico no cumple con esta condición.

Pero lejos de aceptarlo el capitalismo académico hace un simulacro de ciencia. La psicología ha sido fagocitada por el discurso capitalista, donde la evidencia se convierte en mercancía y la objetividad en estrategia de marketing. La industria editorial, las prácticas clínicas y los medios de comunicación han convertido los resultados psicológicos en productos vendibles, aunque estén basados en datos manipulados o directamente inventados (como en el caso Stapel).

En países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Países Bajos, la crisis de replicabilidad ha sido tomada con seriedad. Revistas como Science y Nature han dedicado editoriales, investigaciones y reformas editoriales desde hace más de dos décadas. Se han creado plataformas como el Open Science Framework, preregistros obligatorios, repositorios de datos abiertos y protocolos de revisión más estrictos.

En contraste, en muchas universidades latinoamericanas (México, Perú y Argentina) el problema se desestima o se niega. Como señalan Centeno-Leyva y Domínguez-Lara (2020), “la dificultad para realizar replicaciones y la existencia de un posible exceso de falsos positivos publicados en la literatura científica” no ha generado una respuesta institucional proporcional. En congresos regionales, como el del MERCOSUR (2021), se reconoce la crisis, pero se la trata como un fenómeno externo, ajeno a la práctica local.

Esta negación institucional convierte a la psicología latinoamericana en una zona de confort epistemológico, donde se reproduce el simulacro sin asumir responsabilidad científica. La falta de incentivos para replicar, la precarización académica y la cultura de publicación rápida perpetúan el problema.

Mientras la psicología científica se derrumba por no poder garantizar la repetición de sus hallazgos, el psicoanálisis lacaniano se funda precisamente en lo irrepetible, lo singular, lo que escapa a la lógica de la verificación empírica.

Estamos ante una forma de aparición de lo Real tal como señala Lacan: «Lo Real se muestra en el fracaso de la formalización»
La crisis de replicabilidad en psicología puede leerse como un síntoma del discurso universitario atrapado en su propio goce epistemológico: el sujeto supuesto saber de la academia se convierte en el semblante del gran Otro que garantiza la consistencia, mientras el sujeto barrado del investigador se consuela renegando la castración con p-values que sabe que no significan nada.

Si lo rechazado en lo simbólico retorna en lo Real, entonces la crisis de replicabilidad es precisamente esa irrupción de lo Real, el agujero en lo simbólico que muestra que ninguna explicación de la subjetividad (incluido el psicoanálisis) puede reclamar validez eterna y ahistórica, ya que todo sujeto está atravesado por lo imposible de simbolizar. Así, la crisis no es un problema a resolver, sino una marca estructural: el síntoma de que el discurso científico no puede capturar lo que excede la lógica del significante.

Roberto Reyes

19/10/2025

La persona verdaderamente “SANA” 🤹🏻‍♀️🎨
no es simplemente la que se declara como tal, ni mucho menos un enfermo que se ignora, sino un sujeto que conserva en sí tantas fijaciones conflictuales como la mayoría de la gente, que no haya encontrado en su camino dificultades internas o externas que superen su equipo afectivo hereditario o adquirido, sus facultades personales de defensa o de adaptación, y que se permita un juego bastante flexible de sus necesidades pulsionales, de sus procesos primario y secundario tanto en los planos personales como sociales, evaluando la necesidad con exactitud y reservándose el derecho de comportarse de manera aparentemente «aberrante» en circunstancias excepcionalmente
«anormales».
Jean Bergeret.

24/09/2025

Freud (1914) ya advertía que el Yo, en sus primeras fases, se cree omnipotente y supone que basta con desear algo para que el mundo se doblegue. Cuando la realidad no cumple, sobreviene la herida narcisista.

Siguiendo a Lacan podríamos decir que esta queja condensa la tensión entre el orden imaginario (donde uno se sueña protagonista absoluto) y el orden simbólico (donde hay leyes, lenguaje y límites). Es decir, la realidad no es que no haga caso: simplemente habla otro idioma.

Winnicott (1953) lo habría descrito con elegancia: la capacidad de jugar surge cuando se acepta que el objeto no aparece por magia, sino por el encuentro con lo externo. El problema clínico aquí es que el paciente aún espera que la realidad tenga un servicio al cliente disponible 24/7.

Más que un desajuste con la realidad, se trata de una relación ambivalente con ella. La realidad no le hace caso… pero tampoco le ha bloqueado.

23/09/2025

¿Estudios de género y lacanismo?

Los estudios de género podrían encontrar en el psicoanálisis lacaniano un sistema conceptual sólido a costa de cuestionar el concepto de identidad:

"Lo que significa que el sujeto sea un efecto de la tensión entre significantes es que queda separado de sus bases ontológicas clásicas, de cualquier idea de inmanencia, de identidad, a partir de lo cual pasa a ser definido como un efecto de la preexistencia de la estructura del lenguaje; además, es a su vez efecto del hecho de que, para todo infante, haya habido un Otro que usó la palabra para significar, para simbolizar.

En ese punto, entonces queda dividido en la medida en que no es el agente de lo que dice, sino que es el efecto de la palabra que viene de un Otro.
Sumariamente, el sujeto queda dividido porque la preexistencia del símbolo lo deja sin identidad.

Una equivalencia que puede plantearse respecto de lo dividido del sujeto es que, como tal, es un deseante. Que sea deseante y que esté dividido funcionan, en un punto, en paralelo. O sea, como ser en falta, el sujeto es correlativo de la falta que afecta al Otro, otro nombre del deseo, por lo cual, para hacer pie allí es que el sujeto se sitúa como deseante del deseo del Otro." (Lacan, 1971)

El sujeto se busca entero, pero su imagen se astilla en el espejo del Otro que introduce el incesante movimiento de las cadenas significantes que no alcanzan a capturar lo Real de la pulsión. Por eso, la completud de identidad que el sujeto busca es imposible tanto en el nivel imaginario como en el simbólico. El sujeto está condenado a simbolizar a fin de constituirse a sí mismo como tal, pero esta simbolización no puede capturar la totalidad y singularidad del cuerpo real, el circuito cerrado de las pulsiones que giran sin tregua.

"La simbolización, es decir, la búsqueda de la identidad en sí misma, introduce la falta y hace finalmente imposible la identidad. Lo que entonces tenemos, si queremos ser precisos y exactos, no son iden­tidades sino identificaciones, una serie de identificaciones fallidas o mejor aún un juego entre la identificación y su fracaso." (Stavrakakis Y., 1999)

En este sentido, la falta resurge continuamente allí donde la identidad debería consolidar­se. Todos nuestros intentos de recubrir esta falta del sujeto mediante identificaciones que prometen darnos una identidad estable fracasan; este fracaso pone en primer plano el carácter irreductible de esta fal­ta, que a su vez refuerza nuestros intentos de colmarla. Este es el juego circular entre la falta y la identificación que marca la condición humana.

Así, cualquier identificación es igual de falaz y por ende igual de válida socialmente. Es una conceptualización que permite la libertad a partir deo fracaso del sistema identificatorio, a partir de su vacuidad intrínseca significante. Lo cual puede no resultar muy atractivo para posicionamientos actuales que más bien buscan despesperadamente una estabilidad, una solidez identificatoria, con ideas indiferenciables de las certezas psicóticas como la siguiente:

"Ser mujer u hombre depende sustancialmente del sentimiento que se posea de pertenecer a una u otra categoría, dejando en segundo plano la asignación que los atributos sexuales externos (primarios o secundarios) muestran. Por tanto: sería mujer quien se sienta mujer, con independencia de su determinación biológica (genética, endocrina y morfológica), y sería hombre quien se sienta hombre, con independencia de su determinación biológica (genética, endocrina y morfológica)." (Sanchéz T., 2020)

Esta afirmación, aunque políticamente útil en ciertos contextos, borra la estructura del sujeto como falta. En lugar de abrir el juego de las identificaciones, lo clausura en una certeza autoafirmativa que no admite el fracaso ni la división subjetiva.

En cambio, Lacan desarma el binarismo sexual desde la lógica del significante: la función fálica no distingue entre hombre y mujer, sino que organiza el acceso al deseo y al goce. Esto abre la posibilidad de pensar la heterosexualidad, la homosexualidad, la transexualidad, etc., como posiciones en el discurso, no como esencias:

"Lo relativo al registro del acto sexual depende de la función fálica, esta función domina igualmente a ambos partenaires, la función fálica no los hace diferentes. El fundamento de lo que desde hace un tiempito estoy soltándoles, es precisamente que no hay segundo s**o. No hay segundo s**o una vez que entra en función el lenguaje. O, para decir las cosas de otro modo, en lo que concierne a lo que llamamos heterosexualidad puede vaciarse de todo esencialismo." (Lacan J.,1972)

Roberto Reyes

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