05/03/2026
Interesante reflexión, merece toda la pena leerla....
¿Y a ti, que daño tan grande te hicieron para llegar ahi?
Como psicóloga, escuchar una historia así no me genera morbo, me genera preguntas profundas.
Estamos ante una persona que fue abusada, encadenada, violada, abandonada y expuesta a violencia extrema desde la infancia. Cuando un niño crece en un entorno donde el dolor es cotidiano y la crueldad es norma, su cerebro no aprende a confiar: aprende a sobrevivir.
El trauma complejo no solo deja recuerdos dolorosos; altera la estructura emocional, la identidad y la forma de vincularse con el poder. Un niño que nunca fue protegido puede llegar a creer que la única manera de no ser víctima es convertirse en alguien temido.
Nada de esto justifica sus actos.
Pero ignorar el origen tampoco ayuda a comprender el fenómeno.
En muchos casos así observamos:
• Apego desorganizado
• Identificación con el agresor
• Disociación como mecanismo de defensa
• Normalización de la violencia
• Construcción de identidad desde el abuso y la lealtad forzada
Cuando alguien dice: “es la vida que me tocó”, muchas veces no habla resignación filosófica; habla un sistema nervioso que nunca conoció seguridad.
Estas historias no deberían viralizarse como espectáculo.
Deberían incomodarnos como sociedad.
Porque la violencia no aparece de un día para otro.
Se gesta en la infancia desprotegida.
Se alimenta del silencio.
Y crece donde nadie interviene.
Y aquí viene la parte más difícil de aceptar:
Un niño que no es protegido hoy, puede convertirse mañana en un adulto que el mundo teme.
La prevención no es opcional.
Es responsabilidad colectiva.
Al final de la charla le dice Saskia: “Lamento mucho la historia que te tocó vivir”
BETO:No hay p**o, a lo mejor en la otra vida me toca vivir algo más chido”
SASKIA: Vas a ver que sí
BETO: Y si no la volvemos a repetir, no pasa nada…
Psicóloga Irene Rocha