02/12/2025
✨ Cuando diciembre duele en silencio ✨
Hay silencios que duelen más.
Hay noches que se alargan.
Y hay almas que preguntan bajito si realmente pueden con tanto.
La depresión estacional no es un capricho:
es una llamada de auxilio,
un cuerpo diciendo “no puedo sostener lo que todos esperan de mí”.
Y el suicidio…
el suicidio es la expresión más desgarradora de una soledad que nadie vio a tiempo.
Por eso diciembre se vuelve un mes delicado,
como una herida que brilla bajo las luces.
La ansiedad también aparece disfrazada:
no siempre es miedo,
a veces es consumismo,
fomo,
ese temblor secreto de creer que valemos menos por no tener lo que otros exhiben.
La economía no alcanza,
la comparación nos rompe,
y nuestra mente se convence de que estar incompletos es un defecto personal.
Pero Lacan dijo algo que sigue siendo una brújula en medio del ruido:
el deseo nunca se sacia con el objeto que creemos necesitar.
Lo que anhelamos pierde brillo cuando lo obtenemos.
El deseo humano siempre apunta a otra cosa:
a significar,
a ser vistos,
a ser acompañados.
Y ahí está la trampa moderna:
corremos detrás de cosas
cuando lo que nos duele
es no sentirnos parte de alguien.
Estos tiempos son complejos.
La ansiedad social es alarmante.
El miedo a la soledad es una sombra que acompaña a muchos,
aunque nadie lo confiese en público.
Pero también —y esto es esencial—
son tiempos en los que acompañar puede salvar vidas.
A veces no hace falta un gran discurso,
solo una presencia.
Un “¿cómo estás de verdad?”
Un “si quieres, aquí me quedo.”
Porque la salud mental no se construye solo con palabras técnicas,
sino con manos que sostienen,
con miradas que no juzgan,
con corazones que comparten.
Diciembre nos recuerda que no todo lo que brilla es alegría,
pero también que no toda herida quiere quedarse abierta.
La depresión estacional no es el final de nadie:
es un mensaje,
una pausa,
un “ven, siéntate conmigo, no tienes que cargar esto solo.”
Y a quien esté leyendo esto y sintiendo que no puede más:
la noche no es eterna.
Y no estás solo.
Lo que hoy pesa, mañana puede ser compartido.
Lo que hoy te hiere, mañana puede tener nombre.
Y lo que hoy parece final, mañana puede abrir un camino inesperado.
A veces la esperanza llega en voz baja.
A veces llega en forma de compañía.
A veces llega con una sola frase:
“Estoy aquí contigo.”
⚠️ Advertencia responsable:
Si tú o alguien que conoces está pensando en hacerse daño, busca ayuda inmediata.
En México puedes comunicarte al Línea de la Vida: 800 911 2000.
No tienes que atravesar esto solo. Buscar apoyo es un acto de valentía.
— Eder Psicólogo