26/03/2026
Excelente escrito, dejemos de sentirnos culpables!!
La culpa ha sido una de las grandes cargas impuestas sobre las mujeres a lo largo de la historia. Nos han enseñado a sentirnos responsables de todo: de los conflictos familiares, de la crianza, de los fracasos amorosos, de los abusos que sufrimos, de las expectativas que no cumplimos. En Los cautiverios de las mujeres, la doctora Marcela Lagarde y de los Ríos nos muestra cómo esta culpa no es natural ni individual, sino construida socialmente para mantenernos en estado de subordinación.
Desde niñas aprendemos a internalizarla como un mandato: si algo sale mal, es porque hicimos o dejamos de hacer algo. La culpa se convierte en un mecanismo de control que nos inmoviliza, que nos impide cuestionar las estructuras que realmente nos oprimen. La maestra lo describe como una forma de cautiverio emocional: la mujer culpable se castiga a sí misma antes de siquiera pensar en otras opciones.
El feminismo nos ofrece el antídoto: comprender que la culpa no es nuestra, que hemos sido educadas para cargar con ella y que, al desmontarla, recuperamos nuestra autonomía. No se trata de negar la responsabilidad sobre nuestros actos, sino de reconocer que la culpa impuesta nos ha servido más para someternos que para transformarnos.
Liberarnos de la culpa es un acto político. Es dejar de pedir perdón por existir, por desear, por enojarnos, por cambiar. Es entender que no somos las responsables de la violencia que nos atraviesa ni de las desigualdades que nos condicionan. Como dice Lagarde, es aprender a ser “sujetas de nuestra propia historia”.
La culpa ha sido una estrategia para domesticarnos, desde la sororidad podemos tejer una salida: en colectivo, podemos nombrarla, cuestionarla y dejar de sostenerla. Por eso es importante reunirnos con las otras, trabajar sobre nosotras mismas, cambiar nuestra mirada por una que reflexiona nuestro estar en el mundo.