08/12/2025
Ahora voy a empezar al revés. Voy a poner primero algunas referencias científicas y luego la nota. ¿Y quién soy yo para invertir el orden natural de las cosas poniendo primero la bibliografía?
Nadie.
Pero como ya me la sé, cuando escribo en contra de la corriente, me “funan” diciendo que lo bueno es que ya estoy viejo (y calvo, que no tiene nada que ver, pero lo mencionan), y que qué bueno que ya me voy a la tumba muy pronto, porque no me subo al carro de las nuevas tendencias.
Por eso van primero las referencias: así, los que me piden que me muera, pueden ver que no es cosa mía.
Van pues las referencias y al final, una larga nota:
• American Academy of Pediatrics. (2018). The power of play: A pediatric role in enhancing development in young children. Pediatrics, 142(3), e20182058.
• Gopnik, A. (2016). The gardener and the carpenter. Farrar, Straus and Giroux.
• Singer, D. G., & Singer, J. L. (2005). Imagination and play in the electronic age. Harvard University Press.
• Russ, S. W. (2014). Pretend play in childhood: Foundation of adult creativity. American Psychological Association.
• Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society: The development of higher psychological processes. Harvard University Press.
• Winnicott, D. W. (1953). Transitional objects and transitional phenomena. International Journal of Psychoanalysis, 34, 89–97.
• Center on the Developing Child at Harvard University. (2011). Building the brain’s “air traffic control system”: How early experiences shape the development of executive function. Harvard University.
Ahora sí:
Beneficios de la fantasía en la crianza:
(Y por qué no es “mentirles”, sino nutrirles la mente):
La fantasía es una de las herramientas más poderosas y subestimadas en la crianza. No solo hace la infancia más divertida: también construye capacidades emocionales, cognitivas y sociales que acompañarán al niño toda la vida. Estos son sus beneficios principales
1. Fomenta la creatividad (¡y la flexibilidad mental!):
Cuando un niño imagina que su peluche habla, que su cuarto es una nave espacial o que su taza tiene superpoderes, está practicando la habilidad de crear posibilidades donde no las hay.
Esa misma capacidad, más adelante, se traduce en resolver problemas, inventar soluciones y adaptarse a situaciones nuevas.
2. Desarrolla habilidades cognitivas finas:
La fantasía exige:
• Planear (“el dragón viene, ¿dónde nos escondemos?”)
• Organizar (“tú eres el médico y yo el paciente”)
• Anticipar (“si llueve, el castillo se inunda”)
Eso fortalece atención, memoria de trabajo y funciones ejecutivas. Es neurodesarrollo puro… disfrazado de juego.
3. Mejora el lenguaje:
En los juegos de fantasía los niños usan palabras nuevas, narran historias, practican turnos y roles.
Incluso los pequeños que hablan poco suelen soltarse más cuando están “jugando a ser alguien”.
4. Procesa emociones difíciles:
La fantasía permite ensayar sentimientos sin riesgo:
• “Vamos a jugar que estoy enfermo y tú eres mi mamá”
• “Juguemos que el monstruo me daba miedo pero ya no”
Es su forma sana y natural de entender frustración, enojo, miedo, cambios y pérdidas.
5. Da seguridad emocional:
Los mundos imaginarios, los personajes inventados, Santa Clós, el Ratón de los Dientes, el dinosaurio amigo…
Todos ellos funcionan como apoyos emocionales. Les dan calma, compañía y sensación de control en situaciones nuevas.
6. Fortalece las habilidades sociales:
Cuando los niños juegan con otros, la fantasía les enseña a:
• negociar roles
• turnarse
• respetar reglas creadas entre ellos
• entender otros puntos de vista
Es entrenamiento social de primer nivel.
7. Hace la infancia más feliz (Sí, más FELIZ):
Los recuerdos más significativos de la niñez suelen venir del juego libre, absurdo, mágico, inventado. Sí, como las fantasías de Navidad o Halloween.
La fantasía no solo educa: crea felicidad.
¿Y hay que evitar “excesos”?
Solo dos recomendaciones:
• La fantasía no debe reemplazar explicaciones reales cuando el niño pregunta directamente.
• Y no debe usarse para asustar o controlar (“si no comes, vendrá el coco…”).
Fuera de eso, es un terreno seguro, sano y valiosísimo.
Así que si eres uno de esos adultos amargados que vas por el mes de diciembre destruyendo fantasías según tú porque no les mientes, científica y pedagógicamente estás equivocado.
Y no lo digo yo, sino la ciencia.