18/01/2026
No viajé a la India para iluminarme, ni para encontrarle sentido a mi vida, ni mucho menos para “volverme” más espiritual. Viajé para conocer desde la raíz la práctica del Yoga, para observar cómo viven las personas que nacieron y crecieron meditando, para caminar el lugar donde nació la meditación con Buda, no como un mito, sino como una experiencia humana.
Siempre he creído que el despertar de consciencia es un trabajo profundamente personal, y que no necesita de un lugar sagrado para comenzar. No depende de un país, de un templo o de una cultura; nace en el momento en que dejamos de huir de nosotros mismos.
En mi caso, el despertar no ocurrió en la India. Ocurrió en 2015, en la soledad de un cuarto de huéspedes en la Ciudad de México. Ocurrió cuando toqué fondo emocionalmente, cuando sentí un profundo hartazgo de las decisiones que venía tomando y del sufrimiento que esas decisiones me estaban generando. Ahí, sin rituales ni maestros, comenzó el verdadero trabajo.
Y aun así, valió profundamente la pena viajar a la India. Porque confirmé, al verlo y sentirlo, que la práctica constante de la meditación sí desarrolla sabiduría. Una sabiduría viva, encarnada, que pude reconocer en los maestros, pero también en la mirada serena de muchas personas comunes, y en esa forma sencilla y auténtica de habitar la vida con menos apegos y más presencia.
Por eso hoy afirmo con certeza: no necesitas ir a la India para iluminarte ni para sanar. Necesitas ir hacia dentro, con honestidad y humildad, para reconocer aquello que te lastima, soltarlo y elegir, conscientemente, lo que te hace bien.
Ese es el verdadero camino espiritual.
Y es un trabajo que se elige y se cultiva todos los días. Esme 💖✨✨