01/01/2026
La vida es como una obra de Teatro y cada uno somos los actores principales, vamos construyendo escenarios en cada etapa de nuestra vida.
Somos actores presentes, pero también guionistas y directores de nuestra propia historia.
Cada pensamiento que sostenemos, cada emoción que alimentamos y cada decisión que tomamos va dando forma al libreto que llamamos destino.
Cuando reconocemos que dirigimos nuestra obra, comprendemos que el escenario no está afuera, sino dentro de nosotros. Las personas que aparecen en nuestra vida —familia, amistades, pareja, hijos, el prójimo— no llegan por casualidad. Son personajes que participan para mostrarnos algo, para reflejar partes de nosotros mismos, para acompañar el aprendizaje que nuestra alma eligió experimentar.
Nada está ahí para castigar ni para premiar, sino para revelar. Cada vínculo aporta profundidad, cada reto agrega matices, cada momento de armonía embellece la escena. Incluso el drama tiene sentido cuando entendemos que forma parte del crecimiento y de la transformación.
Dirigir nuestra obra no significa controlarlo todo, sino asumir la responsabilidad de cómo respondemos a cada escena. Podemos cambiar el tono, reescribir diálogos internos, elegir actuar desde el amor en lugar del miedo, desde la conciencia en lugar de la reacción.
Cuando tomamos el mando con presencia, la obra deja de ser caótica y se vuelve auténtica. Y entonces, la vida ya no se vive como una lucha, sino como una expresión consciente de quiénes somos y de quiénes estamos eligiendo ser, aquí y ahora.
Este 2026 yo elijo ser libre, seguir siendo amorosa, abundante, sana y vivir en armonía conmigo misma y con todos los actores de mi obra de teatro, tú formas parte, porque me lees, sonríes conmigo, o en algún momento de nuestra vida hemos coincidido, te deseo que tu obra de teatro sea también muy especial. Te mando un fuerte abrazo y muchas bendiciones.
Alma Vázquez Nava.