19/11/2020
ABRÁZAME, TENGO UN HIJO DE 2 AÑOS...
Me meto a duchar y te enojas mucho. Llanto y grito desbordante.
Te hablo mientras me apuro, no escuchas, no puedes escucharme desde tu rabia.
Me salgo, seco y visto medio mojada. Sigues gritando y llorando.
Mi propia rabia ya está aquí, la siento en mi piel, en mis manos. Y en mi mente me veo pegándote.
Mi propia rabia está aquí. Mi instinto dice “ataca o huye”. Decido huir, quedarme a tu lado es peligroso para ti. La rabia la siento en mis manos y la veo en mi mente.
No me dejas huir. Gritas, lloras con más fuerza, me tiras el calzón. Estás absolutamente desbordado. Tu rabia gigante está aquí.
Te tomo en brazos por amor. Por amor decido quedarme en circunstancias que sólo quiero atacar o huir.
Te tomo y te siento en mi cadera sin mirarte. Siento demasiada rabia para mirarte. Sólo quería ducharme, 3 minutos, ¿No podías esperar 3 minutos?
Siento tu mirada intensa posada en mí. No quiero ni mirarte, pero te miro.
Tu carita expectante e interrogadora. Tu mirada busca contacto y también respuestas.
Encontrarme con tu mirada regula mi propio berrinche, mi rabia y frustración. Ya no quiero huir, no quiero atacar, quiero quedarme contigo, y responder con sensibilidad a lo que sientes.
Te miro, s**o la dureza de mi cara y te sonrío. En un segundo, cambias tu mirada, la relajas y ya no buscas respuestas.
Apoyas tu cabeza en mi hombro y sollozas acurrucado.
Y pienso, ¿Por qué no te acogí antes? ¿Por qué no fui más oportuna al responder? ¿Por qué no acompañé tu pataleta desde el principio?
Y me respondo, porque sentí rabia de no poder ducharme, porque me frustré que no me escucharas. Porque me enojó que te enojaras. Porque mi rabia no dejó espacio para regular la tuya.
Sentémonos mejor, acurrucados. Respiremos al mismo compás.
Y reflexiono, lo mismo que me da vueltas siempre, ¿Por qué no te dicen que siempre, o casi siempre, al acompañar la rabia de tu hijo deberás también regular la tuya? ¿Y quién me abraza a mi ahora?
Mejor sigamos acurrucados.
Autor: Blanca García