01/01/2026
El primer día del año no inaugura una vida nueva, pero sí ofrece algo clínicamente valioso: una pausa simbólica. No cambia el inconsciente, pero modifica el encuadre. Y a veces, eso basta para que algo se diga distinto.
Las promesas de “ser mejor” suelen fracasar porque se dirigen al Ideal del Yo; sin embargo, este día puede servir para otra cosa: escuchar qué se repite, qué insiste, qué ya no quiere seguir siendo actuado. No como propósito, sino como pregunta.
La oportunidad no está en empezar de cero, sino en empezar a hacerse cargo. El año no cura, pero puede abrir una grieta donde el sujeto decida, por fin, no tapar más.