11/09/2021
Segunda parte:
Nadie nos enseña a ser padres, sin embargo, cargamos con la consigna del DEBER ser “buena madre o padre”. Y resulta que nos calificamos con base en lo felices que HACEMOS a nuestros hijos o lo “exitosos” que son -cada quien define éxito de maneras diferentes-, como si pensáramos que nosotros no podemos tener o ser la causa de su felicidad, y por si eso no fuera suficiente, tienen que cumplir con nuestras expectativas, las cuales están basadas en quién sabe cuántas cosas. Imaginen lo que debe ser para un infante/adolescente la “carga” de tener que estar contento todo el tiempo o tener el “éxito” que la madre o el padre quiere que tenga, porque así la madre y el padre pueden sentir -y presumir- que son buenos en lo que hacen. Y el asunto se nos ha complicado todavía más por la pandemia.
Es sumamente cansado para todas y por supuesto que se vale estar cansada; antes, al menos teníamos un pequeño respiro cuando estaban en la escuela, y no nos hagamos, la mayoría aplicaba el clásico “ahí le dejo a mi hija/o” como si con eso aventáramos la responsabilidad a la escuela durante el tiempo que están ahí, y no pasa nada, para la mayoría de las niñas y niños ese es un espacio y tiempo de distracción de la casa y por consiguiente de la madre y el padre. No todos la están pasando bien en casa, es cierto que para muchas la escuela no solo era un espacio de distracción sino también de refugio y la pandemia les quitó eso también. La pandemia les quitó a nuestras hijas/os esa posibilidad de socializar con el cuerpo; el juego con los otros compañeros y compañeras les permite relacionarse, regularse, diferenciarse de los otros, divertirse, relajarse, distraerse, aprender, entre muchas otras cosas. Ahora ya están regresando a las escuelas y eso implica otros movimientos no menos importantes; tenemos que hacer un seguimiento de cómo les está yendo a nuestras hijas e hijos en este regreso. Para nosotros es más fácil, ya tenemos la posibilidad de que alguien más se haga cargo durante unas cuantas horas, pero para ellas es diferente.
¿Entonces qué hacemos?
Un primer paso puede ser el hablar con nuestras hijas e hijos y explicarles lo que está sucediendo. el reconocer que a todos nos ha afectado este asunto de la pandemia y que también nos puede afectar el regreso a las escuelas. Recordemos que nunca debemos hacer menos lo que puedan estar sintiendo y a partir de ahí abrir canales de comunicación para que puedan contarnos lo que están pensando, sintiendo, queriendo respecto a este regreso a las escuelas. Nosotros también podemos decirles cómo nos sentimos, claro sin aventarles todos nuestros problemas, pero se vale poder compartir con ellos que también nos sentimos un poco intranquilos, que también para nosotros es un poco complicado pero que juntos podemos superarlo.
Un segundo movimiento puede darse sobre el cambio en las dinámicas familiares, puede hablarse en familia sobre lo positivo de la pandemia, sobre qué les gustaba de estar en casa y ver cómo se puede continuar con eso, así como hablar sobre lo que no les gustaba y por supuesto cómo hacer para evitarlo.
Por último solo quiero comentarles que todo lo anterior es muy general, no se puede totalizar, cada familia tienen sus propias dinámicas e interacciones y cada integrante puede aportar sobre cómo mejorarlas. Es imposible poder abordar de una manera totalizadora temas tan individuales, sin embargo esperamos que esto les ayude o sirva en algo. Continuaremos subiendo textos de diferentes temas, si hay alguno del que les gustaría que habláramos por favor déjenos un comentario y lo vamos preparando.
Saludos y excelente fin de semana.