15/10/2025
Desde el inicio de mi carrera como médico, mi vocación ha estado guiada por el compromiso genuino con el bienestar de mis pacientes.
A lo largo de los años, he tenido el privilegio de aprender y crecer en un entorno institucional, donde he enfrentado tanto desafíos como satisfacciones.
Sin embargo, la creciente carga laboral y la falta de tiempo para una atención verdaderamente humana han generado un sentimiento de desconexión con la esencia de mi vocación. Que por lo visto está presente en más de uno.
En el , la atención humana se pierde entre números. Nos agendan 19 pacientes en 6 horas, y lo único que parece importar es cumplir metas: 2 millones de cirugías, 30 millones de consultas de especialidad, 100 millones de consultas en medicina familiar.
Nadie mide lo realmente valioso: menos hospitalizaciones, menos incapacidades, menos jubilaciones por invalidez. La prevención y la calidad no cuentan en las estadísticas, pero sí en la vida de los pacientes.
19 en 6 horas.
Da igual si preveniste una hospitalización o evitaste una invalidez: eso no aparece en los reportes. Lo único que importa es llenar la meta, con el mínimo de insumos para la salud, con escasez de médicos porque renuncian por el exceso de trabajo
Quieren alcanzar números inalcanzables, mientras los especialistas renuncian por la carga excesiva, la falta de insumos, el nulo apoyo para asistir a congresos o incluso para obtener licencias sin goce de sueldo.
Nadie mide lo que realmente importa: menos hospitalizaciones, menos incapacidades, menos vidas truncadas.
19 en 6 horas.
Las metas son absurdas: 2 millones de cirugías, 30 millones de consultas de especialidad, 100 millones de consultas de medicina familiar.
Pero cada vez hay menos manos para lograrlas: los especialistas renuncian, cansados de la carga, la falta de insumos y el nulo apoyo para formarse o simplemente descansar.
Un sistema que exige lo imposible termina vaciándose por dentro.
Nadie justifica las agresiones, pero ¿cómo no entender la desesperación?
La del paciente que se siente invisible.
La del médico que ya no puede más. sin recursos ni tiempo para ejercer con dignidad.
Un sistema que mide todo menos la humanidad termina perdiéndola.
Cuando la empatía se agota, el sistema ya fracasó.