31/12/2019
2020
Toda vez que termina un año, cerramos un ciclo en nuestras mentes, pero no en nuestras memorias.
Y es entonces que hacemos un recuento, primeramente de lo que más nos costo:
De los amigos que nunca fueron tales,
De las decepciones que nos recordaron hacernos responsables de nuestras expectativas,
De las personas que subvaluamos y demostraron más lealtad de la que imaginábamos,
De los que se fueron sin decir adiós (y a los que dejamos sin decir adiós),
De los triunfos, de los fracasos (ojalá y hayan sido varios, de ambos; o pocos, pero sustanciales),
De las lágrimas de dolor que no liberamos, de los gritos de rabia que nos callamos,
De los pleitos innecesarios y de los conflictos que trajeron crecimiento,
De los amigos que quisiste hacer y no lo conseguiste,
De los que quisieron amarte y no te dejaste,
De las creencias que liberaste y las que te siguen encadenando,
Del amor que diste,
Del odio que también exhalaste,
De las sonrisas y de las carcajadas,
De los ataques de ansiedad y desesperación,
De las gripas,
De las diarreas,
De las tardes de amable solitud (y las horrendas noches de soledad),
De los sueños que se cumplieron,
De los deseos que te castigaron,
De las ilusiones que se quedaron ahí en el paraíso de la fantasía,
De las realidades incómodas…
Y también de lo positivo:
Los logros que alcanzamos
La talla que logramos con esa dieta
El cuerpo que definimos en el gimnasio
Las deudas que saldamos
Los nuevos amigos
Que logramos mantenernos fuertes a pesar de tanto
Y eso (lo positivo y también lo negativo) hay que honrarlo para entonces hacer nuevas intenciones.
Que este nuevo ciclo, más allá del ritual mágico, de la salida con maletas, de las uvas, de la velas... que más allá del poder de un objeto, encuentres el verdadero poder, aquel que sale en la mirada y que no necesita artilugio alguno para demostrarse…
Que estés llenos de encuentros y desencuentros, que sean reales y no virtuales…
Que estén presentes tus recuerdos, porque ellos te formaron, pero que no te jalen al pasado…
Que estén presentes tus idealizaciones y proyecciones del futuro, porque te van a mover hacia adelante, pero que no te controlen y hagan que olvides el presente…
Haz intenciones reales para un nuevo ciclo: Lava tus trastes todos los días, compra local, haz menos basura (aprende a hacer menos bolsas de basura), haz tu cama, báñate diario, mantén ordenada tu casa, tus cajones, deja ir lo que no has usado por más de un año, ve a ver a tus amigos que no has logrado ver, haz agenda también para los que también desean un café … ¡suena ridículo! Pero el cambio empieza en las pequeñas cosas. Que tu vida se llene de pequeñas cosas… esas son las que atraen grandes personas (pues tu te estás convirtiendo en una).
Autogobiérnate. Conócete. Aprende a aceptar y reconocer tus incongruencias e incoherencias, también tus paradojas. Hazte responsable de tus miedos, tus traumas, tus historias inconclusas. No hay solución mágica ni terapia milagrosa que te resuelva lo que ha estado desordenado en tu interior por años… toma tiempo, ten paciencia. Pide ayuda.
Todos al final, elegimos vivir en la magia del paraíso o en la desdicha de un in****no personal en el aquí y ahora (el único lugar donde podemos evolucionar). No hay de otra. Lo elegimos. Nadie ni nada nos empuja a vivir lo que vivimos (nadie tiene la culpa, aunque queremos que la tenga)…
Deseo que este nuevo ciclo estés presente.
Presente en tu vida. En tu sentir. En tus batallas (sí… deseo que tengas muchas batallas por que eso implica que eres un guerrero).
Y así, presente, encuéntrate con otros… con la vida… con el destino.
Gracias por estar presente.
¡Feliz Nuevo Año 2020!
César Emilio
(Kenston Luna,
Kenston S. Fuentes)
Imagen
Fragmento de uno de los tapetes
La cacería del unicornio
(The Cluisters, NYC)