27/01/2026
LAS MARCAS QUE DAN FORMA A NUESTRO SER
Por Nelson Enrique Zamora
Psicoterapeuta Transpersonal
No son simplemente heridas ocultas guardadas en el rincón más profundo de quien somos. Son hilos tejidos en el tejido mismo de nuestra percepción, moldes que nos dan forma desde antes de que pudiéramos nombrar lo que sentimos. Se instalan cuando nuestro ser aún es blando como arcilla, cuando cada gesto, cada silencio, cada palabra que llega a nosotros es una herramienta que va definiendo cómo entenderemos el mundo y nuestro lugar en él.
Ellas no vienen de un deseo de hacer daño. Vienen del desajuste entre lo que nuestro núcleo necesita para florecer y lo que el entorno puede ofrecer en su propia limitación. Son la huella que deja cuando la protección que buscamos no llega en el momento justo, cuando la mirada que nos valida se desvía hacia otros lugares, cuando la presencia que anhelamos se hace etérea, cuando el amor que necesitamos se vuelve un terreno de condiciones y expectativas. Cada una es un intento de nuestro sistema por sobrevivir en un espacio que no siempre está calibrado a nuestras necesidades más básicas de conexión y seguridad.
1. LA MARCA DE LA DESCONEXIÓN
Nuestro ser aprende que la unión es frágil, que en cualquier momento el lazo puede romperse. Así, construimos muros o nos aferramos con fuerza desmedida: buscamos estar siempre cerca, necesitamos señales constantes de que no seremos dejados atrás, o bien nos alejamos primero para evitar el dolor de la separación. Nuestro sistema se ajusta a la incertidumbre, convirtiéndola en nuestro punto de referencia.
2. LA MARCA DE LA NO ACEPTACIÓN
Se graba en nosotros la sensación de que algo en nosotros no encaja, que no alcanzamos a llenar el espacio que los demás esperan que ocupemos. Entonces nos escondemos, o nos esforzamos por ser lo que creemos que quieren ver; sabotajeamos nuestros propios pasos antes que enfrentar la confirmación de lo que creemos ser verdad: que no somos suficientes tal como somos. Nos aislamos para no sentir el golpe de la exclusión.
3. LA MARCA DE LA DESVALÍA
Cada vez que somos colocados en un lugar de inferioridad, cada vez que nuestras cualidades son menospreciadas o nuestros errores amplificados, se va tejendo una capa de vergüenza que nos acompaña. Aprendemos a mirarnos con ojos de juicio, a sentir culpa por nuestras necesidades, a ajustarnos a los deseos de los demás para evitar el peso de sentirnos defectuosos. Perdemos la capacidad de decir “no”, porque el “sí” se ha convertido en nuestra única herramienta para ser aceptados.
4. LA MARCA DE LA DESFIANZA
Cuando lo que confiamos en que nos sostendrá falla, cuando las promesas se desvanecen o la protección se convierte en vulnerabilidad, nuestro ser aprende que el mundo es un lugar incierto. Entonces tomamos las riendas con fuerza extrema: controlamos cada detalle, vigilamos cada movimiento, sentimos celos como una señal de alerta, porque creemos que solo así podemos evitar volver a sentir la angustia de haber sido dejados en la mano.
5. LA MARCA DE LA DESIGUALDAD
Cuando lo que vivimos parece carecer de lógica o de bondad, cuando los castigos no coinciden con las acciones o los premios se sienten injustos, nuestro sistema responde buscando orden en el caos. Nos volvemos rigurosos con nosotros mismos y con los demás, exigimos perfección como forma de evitar el dolor de la injusticia, nos endurecemos emocionalmente para no sentir la impotencia de lo que no pudimos cambiar.
6. LA MARCA DE LA NO PRESENCIA
Cada vez que nuestras palabras pasan desapercibidas, cada vez que nuestras emociones no son vistas, aprendemos que nuestro ser no ocupa espacio. Entonces nos hacemos pequeños, nos apagamos, minimizamos nuestras necesidades, porque creemos que nuestra voz no tiene eco, que nuestro ser no merece ser notado. Nos convertimos en espectadores de nuestra propia vida para no molestar con nuestra existencia.
7. LA MARCA DE LA DESCONEXIÓN CON LO PROPIO
Cuando nuestras emociones son desestimadas, cuando se nos dice que “no debemos sentir así” o que nuestros miedos y alegrías no tienen importancia, cortamos el puente con nuestro propio interior. Dejamos de escuchar lo que nuestro cuerpo y nuestra alma nos dicen, nos volvemos ajenos a nuestras propias sensaciones, construimos una armadura emocional que nos protege pero también nos aísla de la riqueza de sentirnos vivos.
8. LA MARCA DE LA MUDIZA
Cuando nuestras palabras son calladas, cuando expresar lo que sentimos lleva a conflictos o a rechazo, aprendemos que nuestra voz es un peligro. Entonces guardamos lo que pensamos y sentimos, evitamos cualquier tipo de tensión, nos sometemos a las voluntades ajenas, porque creemos que hablar solo traerá dolor. Nos convertimos en guardianes de nuestro propio silencio, negándonos a nosotros mismos el derecho de ser escuchados.
9. LA MARCA DE LA RESPONSABILIDAD ANTICIPADA
Cuando somos llamados a cuidar antes de haber sido cuidados, cuando nuestras necesidades son dejadas de lado para atender las de los demás, aprendemos que nuestro papel es ser el sostén de los otros. Nos convertimos en salvadores, en quienes siempre están disponibles, en quienes cargan con el peso de los problemas ajenos. Nos agotamos emocionalmente porque creemos que nuestro valor reside en el cuidado que brindamos, no en el cuidado que podemos recibir.
10. LA MARCA DEL AMOR CONDICIONAL
Cuando el afecto que recibimos depende de lo que hacemos, de cómo nos comportamos o de los logros que alcanzamos, aprendemos que el amor no es un derecho, sino un premio. Entonces nos dedicamos a buscar la aprobación de los demás, nos volvemos hiperproductivos, construimos nuestra identidad sobre lo que podemos ofrecer, porque creemos que sin esos logros, no seremos amados.
Todo esto no es un destino escrito en piedra. Es un conjunto de patrones que nuestro ser adoptó para sobrevivir en un momento determinado, pero que ya no necesitamos para vivir plenamente. Sanar no es volver al pasado para culpar ni para lamentarse. Es reconocer que lo que aprendimos fue necesario en su tiempo, pero que hoy podemos elegir de otra manera.
Es reajustar nuestro sistema desde la raíz, darle a nuestro interior lo que entonces no pudo recibir, convertir los movimientos automáticos de la supervivencia en elecciones conscientes de vida. Es pasar de sentirnos víctimas de nuestros propios patrones a ser arquitectos de nuestro propio bienestar. Es reconocer que cada marca que llevamos también es una oportunidad de crecimiento, de profundizar en nuestra humanidad, de conectar con el núcleo verdadero de quien somos.
¿Estás dispuesto a mirar esas marcas con ojos de compasión y empezar a darte lo que tu ser siempre ha necesitado?
Escuela de sanación Inti en Ti - Madre Luna