24/12/2025
El Duelo de su partida.
Se fue, y aquel instante se siente como si hubiera marcado el reloj de mi vida en un tiempo detenido… jamás olvidaré la angustia de aceptar que ya no estás. La realidad se impuso con la fría certeza de que el futuro se me presentaría vacío, despojado de tu luz.
En esos momentos de profunda tristeza, mi corazón dolía como si estuviera destrozado en mil pedazos. ¿Cómo puedo describir ese abismo de desesperación? Un dolor que no se mide, que se siente en cada rincón de mi ser, como una sombra que me sigue a donde quiera que voy, recordándome tu ausencia.
Las horas se volvían interminables y cada día se asemejaba a una lucha sin fin. La gente me preguntaba cómo estaba, y yo me quedaba sin palabras, atrapado en un laberinto de emociones. Mi voz se desvanecía, quedándose atrapada en mi garganta, mientras el mundo seguía girando a su alrededor.
Mi ira era como una tormenta furiosa, dirigida hacia lo que más amé y perdí. Me enfadaba con las sonrisas de quienes no comprendían el vacío que dejaste en mí, con la forma en que el amor seguía fluyendo por mis venas, aún cuando tú te habías ido. Aprendí a enmascarar mi dolor, a esconder las lágrimas que brotaban de mis ojos, mientras mi corazón gritaba por ti en un silencio desgarrador.
Es cierto lo que dicen: aquellos que amamos nunca se van del todo. En mis recuerdos, te llevas una parte de mí; hay instantes en los que me encuentro sonriendo al recordar tus risas, pero también hay momentos en los que la tristeza me envuelve como una niebla espesa. He intentado encontrar consuelo, pero la verdad es que aún te lloro, en la soledad de mis pensamientos, en la intimidad de mis sueños.
Y aunque la ira ha cedido un poco, persiste como un eco lejano; después de todo, ¿quién podría permanecer impasible ante una herida tan profunda? La lucha sigue, con la esperanza de que algún día, entre la tristeza y la memoria, pueda encontrar la paz que tanto anhelo.