08/02/2026
No te puedes perder la exposición Aullidos Púrpura 🟣de la artista Ana Herrera en el muro site de la Biblioteca Vasconcelos hasta el . ¡Visitala!
-Ayer acudimos a la inauguración integrantes de nuestro grupo para rugir 🐺 y respaldar este maravilloso proyecto.
🫂.herrera.javier Gracias por tan digna representación de lo que sostiene a un cuerpo enfermo. Gracias a cada mujer representada por ser inspiración y fuerza.
Gracias México por su apoyo para hacerlo posible.
*Suscribimos lo escrito por las encargadas de la curaduría Carol Espíndola y Greta Rico de Laboratorio experimental de fotografía feminista:
No sobre ellas, sino con ellas...
Hoy más que nunca, la transformación social implica un cambio radical en el plano de la representación
Rosi Braidotti
No hay una sola forma de vivir el lupus. Ni de representarlo. En el siglo XVIII, este padecimiento de difícil diagnóstico estaba relacionado con la figura del lobo, específicamente con su mordedura, por la forma que tomaban en el cuerpo las lesiones cutáneas. También se identificó con otro animal menos agresivo: la mariposa, pues las erupciones faciales adquieren su forma en el rostro, un patrón que se repetía constantemente entre un paciente y otro. Ambas huellas, de color púrpura.
Esta muestra, que inicia con la historia personal de la autora, es un acto de resistencia, de dignidad humana, que por un momento permite a estas mujeres dejar de ser casos clínicos, pacientes, experiencias médicas.
Ana Herrera enfrenta esta enfermedad compleja casi desde siempre y ha encontrado en el diálogo y la cercanía con otras mujeres que, como ella, viven con este padecimiento, una forma de hacerle frente. Cada historia es diferente, como cada una de ellas lo es: Montse, Tori, Donají, Isabel, Laura, Vania, Karla, Ana. Con un elemento en común: viven las consecuencias de la falta de investigación y los sesgos de género en la producción de conocimiento científico en beneficio de la salud de las mujeres, y la insistencia del sistema médico hegemónico de colonizar sus cuerpos.
Las mujeres que aparecen en estas fotografías muchas veces fueron acusadas de exagerar, inventar, buscar atención o fueron canalizadas al área psicológica, porque los dolores, las sensaciones, o el cansancio que les atravesaba, aparentemente, eran menores o inexistentes. Es hasta después de una larga travesía por los sistemas médicos públicos y privados, que son diagnosticadas, pero ese es solo el comienzo de una vida que no está dispuesta a permitir que la mujer enferme. Porque las mujeres tenemos que ser funcionales para el sistema social, casarnos, ser madres, cuidar de otros, atender el hogar, sacrificarnos por los demás, someternos y abnegarnos. No parar.
Durante el desarrollo de este proyecto, que no es sólo fotográfico, sino que proviene del afecto, de la compañía, de la sororidad; Ana, comienza mostrando su propio cuerpo, los efectos de la enfermedad sobre ella. Utiliza la autorrepresentación e intenta verse desde fuera. Desconoce ese cuerpo, al mismo tiempo que lo abraza. A través de su trabajo artístico, también nos recuerda que la medicina moderna ha reinterpretado el ciclo de vida femenino en todo lo que tiene que ver con las políticas de reproducción, pero para aquellas enfermedades que afectan distinto a hombres y mujeres, como el lupus, cuya disparidad de género es sumamente evidente (las mujeres lo padecen en una proporción de 9 a 1 sobre los hombres), parece que no hay urgencia científica por reducir el periodo de diagnóstico que muchas veces hace que la enfermedad genere daños mayores sobre el cuerpo. Hay pocos avances en el control de síntomas, poca actualización de médicos de primera línea y difícil acceso a los tratamientos innovadores en países como México.
Es por ello que se vuelve fundamental el acompañamiento entre quienes padecen lupus, este encuentro proporciona pertenencia, identidad, no sentirse solas, compartir experiencias, tratamientos, acercamientos a organizaciones que apoyan, adentrarse en prácticas deportivas, o prácticas artísticas para ayudar a sanar. Así fue como Ana, después de retratarse a sí misma, comenzó a retratar a las demás, para sentirse y verse representadas desde una posición de iguales, de entendimiento, de cariño y de cuidado mutuo. De esto se trata esta muestra, como dice Ana, no es sobre ellas, sino con ellas.
Apelar a la autorrepresentación demuestra nuestra capacidad, como mujeres, de hacer historia y nos invita a pensar juntas en políticas afirmativas más esperanzadoras. Les invitamos a recorrer esta muestra como lo que es: una apuesta feminista de genuinas relaciones de colaboración entre mujeres, que logra desmontar el concepto de otredad en un diálogo que reta los modelos de representación de las mujeres y de la experiencia de la enfermedad.
Texto de Carol Espíndola y Greta Rico
Rosa Chillante, Laboratorio experimental de fotografía feminista