07/04/2026
“DICEN QUE LAS COINCIDENCIAS NO EXISTEN”
Está es una frase que he escuchado muchas veces y que trata de dar una explicación a esas cosas que suceden en nuestra vida, que parecieran increíbles por cómo se dan.
Ayer entró una paciente a consulta, a la cual nunca antes había visto; la consulta se llevó sin gran novedad, hasta que noté que había un gran componente emocional en sus manifestaciones clínicas. Al cuestionarla al respecto, me respondió que su hija había fallecido hace pocos meses a consecuencia de cáncer (osteosarcoma).
En ese momento, traté de detener el tiempo para platicar con ella, empatizando con su dolor y diciéndole que si bien yo no sabía lo que significa perder un hijo, si lo había vivido de cerca con mi madre. Platicamos de muchas cosas, incluso de lo triste que fue pasar por eso con su hija, no solo por el hecho de haber sido diagnosticada con Osteosarcoma a los 17 años, sino de lo difícil que fue el que le amputaran una pierna, la pancreatitis que le ocasionó la quimioterapia y la noticia de que había desarrollado metástasis en pulmón, y siempre estuvo ella ahí, cargándola en sus brazos hasta que su hija le dijo que no se preocupara, que todo estaría bien.
Claro que lloró, claro que sacó lo que tenía reprimido, pero le hice ver que no debería de sentirse culpable o mal por lo que sucedió, que finalmente ella había sanado tal y como se lo pidieron algún día al ser supremo y que ahora ella no sufría de dolor, que estaba en un mejor lugar y que como mamá, debería de seguir adelante en este plano de la mano de su otro hijo.
Le conté del caso de mi güero Héctor Nahle, quien sufrió el mismo mal que su hija pero que se recuperó e hizo una fundación para ayudar a los pacientes que no tienen muchos recursos, le mostré fotos y le dije que nosotros apoyábamos a una asociación que ayudaba a niños con cáncer.
Sonrió limpiándose las lágrimas y me dijo que su hija dejó muchas pelucas, que no eran caras pero que si le ayudaron mucho cuando perdió el pelo por la quimioterapia… le devolví la sonrisa y le dije “cuando usted crea que es el momento, esas pelucas pueden ayudar a otros niños que pasan por lo mismo”… asintió con la cabeza y dijo que si, que lo tendría en cuenta.
Nos despedimos y le dije que cuando platicara con su hija (porque sé que lo hace en espíritu) le preguntara ¿porque la mando conmigo?
Y es que, como dicen algunos, las coincidencias no existen, existen las DIOSIDENCIAS.