12/02/2026
Maestras Sombra sin supervisión: cuando el apoyo pierde su sentido profesional
En los últimos años ha crecido de manera importante la presencia de Maestras Sombra o Personas de Apoyo Personal (PAP) en escuelas regulares como respuesta a la inclusión educativa. Sin embargo, este crecimiento no siempre ha sido acompañado de algo indispensable en cualquier práctica profesional: formación especializada, dirección técnica y supervisión sistemática.
Cuando el apoyo se ejerce sin estos elementos, deja de ser intervención y se convierte en acompañamiento intuitivo, con efectos limitados o incluso contraproducentes.
La evidencia en psicología del desarrollo ha demostrado que la conducta infantil no puede comprenderse de forma aislada, sino dentro de sistemas interrelacionados (familia, escuela, contexto social), tal como lo plantea el modelo bioecológico de Bronfenbrenner, donde el cambio conductual depende de interacciones organizadas y sostenidas en el tiempo (Bronfenbrenner & Morris, 2006).
Esto implica que la figura de apoyo dentro del aula no puede actuar como asistente improvisado; requiere operar con objetivos, estrategias y evaluación continua alineados al entorno educativo.
En condiciones como los trastornos del neurodesarrollo, las intervenciones eficaces no se basan en “contener” la conducta, sino en enseñar autorregulación mediante apoyos estructurados, reforzamiento diferencial y mediación cognitiva planificada (Barkley, 2015).
Cuando el personal de apoyo carece de entrenamiento en estos principios, suele recurrir a correcciones constantes, sobreprotección o control excesivo, prácticas que aumentan dependencia y reducen autonomía, justamente lo contrario de la inclusión.
Desde la psicología aplicada y la educación inclusiva, la función del apoyo tampoco es sustituir al docente ni convertirse en tutor individual permanente. La literatura internacional es clara en que los apoyos deben ser graduales, estratégicos y orientados al fading o desvanecimiento progresivo, para favorecer participación natural del estudiante en el aula (Giangreco, 2010). Sin supervisión profesional, esta transición rara vez ocurre, perpetuando modelos asistencialistas.
Aquí radica la relevancia de enfoques integradores como el Modelo Bioecológico de Intervención Neuroconductual (MBEINC) desarrollado en CEPAC, que articula tres niveles inseparables: comprensión neuropsicológica de la conducta, análisis funcional en contexto real y coordinación ecológica con escuela, familia y profesionales de la salud.
Este tipo de modelos no conciben a la Maestra Sombra como acompañante, sino como agente técnico de mediación, cuya práctica debe ser planificada, registrada y evaluada.
La inclusión educativa no se logra colocando a un adulto junto al niño. Se logra cuando ese adulto sabe qué observar, qué intervenir, cuándo retirarse y cómo construir autonomía.
Profesionalizar la figura de apoyo no es un requisito administrativo; es una condición ética. Sin supervisión, el apoyo se vuelve solo presencia. Con supervisión, se convierte en intervención transformadora.
Psic. Benjamín Salgado López
Referencias
Barkley, R. A. (2015). Attention-deficit hyperactivity disorder: A handbook for diagnosis and treatment (4th ed.). Guilford Press.
Bronfenbrenner, U., & Morris, P. A. (2006). The bioecological model of human development. En R. M. Lerner (Ed.), Handbook of child psychology (6th ed., pp. 793–828). Wiley.
Giangreco, M. F. (2010). Utilization of teacher assistants in inclusive schools: Is it the kind of help that helping is all about? European Journal of Special Needs Education, 25(4), 341–345.